miércoles, 18 de mayo de 2016

La campaña zombie de Bernie Sanders continúa: las primarias demócratas

Pese a que a finales de abril Bernie Sanders sufrió una serie de derrotas (algunas muy contundentes) en diversos Estados del nordeste, su campaña sigue en marcha, con un tono cada vez más agrio a medida que resulta más evidente que va a culminar en derrota.

Es cierto que, curiosamente, los resultados en las distintas primarias no están dependiendo en modo alguno del "momentum" (es decir, del impulso obtenido por el candidato en una primaria anterior), sino en la demografía de cada Estado y en particular de si los demócratas en el mismo son más o menos blancos, más o menos liberales, etc.

Así, en los últimos Estados se han producido tres victorias de Sanders y una muy ajustada de Clinton:

- Indiana (3 de mayo) Sanders 52,5, Hillary 47,5
- Virginia Occidental (10 de mayo) Sanders 51,4 Hillary 35,8
- Oregon (17 de mayo): Sanders 54,8, Hillary 45,2
- Kentucky (17 de mayo): Hillary 46,8, Sanders 46,3

Una vez más, Sanders ganó en Estados cuyos votantes demócratas eran primordialmente blancos (aunque los blancos de Oregon son muy liberales, mientras que los de Indiana y especialmente Virginia Occidental son moderados o conservadores). En cambio, en Indiana y Kentucky, donde el número de minorías raciales era algo más significativo, Hillary quedó cerca o ganó por los pelos.

El mapa de las primarias hasta el momento queda así:

Generated Map

El número de delegados que se precisan para ganar las primarias demócratas son 2.382. Así es como va el reparto de delegados y votos a día de hoy, según RealClearPolitics:

Hillary Clinton: 2291 (1767 delegados, 524 superdelegados), 12.971.667 votos
Bernie Sanders: 1528 (1488 delegados, 40 superdelegados), 9.924.734 votos

En suma, Hillary continúa aventajando a Sanders en más de 300 delegados elegidos por los votantes, la abrumadora mayoría de los superdelegados y más de 3 millones de votos.

Como decíamos al inicio, a pesar de que Sanders continúa despidiendo a miembros de su campaña, y ha manifestado que irá a la Convención "a discutir sobre el programa electoral" (es decir, no a disputarle a Hillary la nominación), insiste en continuar disputando primarias y sus seguidores están intentando intimidar a los superdelegados y a los partidos estatales de un modo que está alienando incluso a los simpatizantes de Sanders en la prensa.

Sanders ya no puede ganar: necesitaría obtener más del 65% de los votos en todos los Estados que quedan (y Puerto Rico), y eso sencillamente no va a suceder. Marco por última vez en rojo los Estados que a día de hoy favorecen a Hillary según las encuestas y según la demografía, en azul a Sanders, y en verde los dudosos (siendo lo más generosos posibles con Sanders):

Generated Map

Aunque Sanders ganará sin duda en los Estados del Oeste interior (con la única duda de Dakota del Sur, que apoyó a Hillary hace ocho años), eso simplemente no le bastará para compensar la ventaja que ya lleva Hillary y la que le sacará en los dos Estados con más delegados que quedan (California y New Jersey) que las encuestas indican que Hillary va a ganar con comodidad, así como en Nuevo Mexico y especialmente Puerto Rico.

La prensa está empezando a comentar el riesgo que existe que la duración de las primarias entre Clinton y Sanders perjudique al Partido Demócrata en las elecciones de noviembre. Sin embargo, eso parece dudoso, por varios motivos:

1) En primer lugar, porque hasta Noviembre queda mucho tiempo para cerrar heridas.

2) En segundo lugar, porque el enfrentamiento entre Obama y Hillary en 2008 fue todavía más agreste que éste, y ello no tuvo ningún efecto en los demócratas en noviembre.

3) En tercer lugar, porque Donald Trump en particular tiene un atractivo muy limitado para los votantes mayoritarios de Bernie Sanders (los votantes blancos liberales). Los votantes demócratas conservadores que votaron a Sanders en Oklahoma, Virginia Occidental y Kentucky son otra historia, pero esos votantes, de todos modos, son republicanos en todo menos en nombre y muchos de ellos iban a votar a Trump de todos modos.

4) En relación con lo anterior, Trump será un elemento cohesionador extraordinario para los demócratas pro-Sanders, algunos de los cuales puede que no estén entusiasmados con Hillary Clinton, pero ciertamente están (o estarán) aterrorizados con Donald Trump.

martes, 17 de mayo de 2016

El Partido Republicano se suicida: Donald Trump, candidato.

En nuestra última entrada señalábamos que las cosas se estaban poniendo cuesta arriba para las fuerzas "anti-Trump" en el Partido Republicano, y los resultados de las primarias de Indiana lo confirmaron hasta tal punto que en menos de 24 horas Trump se quedó sin rivales tras la retirada de Ted Cruz y John Kasich.

Los resultados en Indiana fueron decisivos:

Trump 53,3, Cruz 36,6, Kasich 7,6.

Trump, tal y como había ocurrido ya en las primarias del Nordeste, mejoró claramente sus resultados respecto de las encuestas, lo que parece demostrar que los votantes republicanos, hartos de las primarias, decidieron decantarse por el ganador, y evitar así una convención disputada que podría haber sido nefasta para la imagen del Partido Republicano.

El problema es que, a cambio de soslayar la convención, el Partido Republicano se ve ahora en manos de un candidato totalmente inaceptable, se mire por donde se mire.

Tradicionalmente, los candidatos presidenciales son políticos profesionales (en tres categorías distintas: Senadores, Gobernadores o Vicepresidentes). Hay que remontarse a 1952 para encontrar a un candidato que no respondiera a una de esas tres categorías (Dwight Eisenhower, que por otra parte había tenido una carrera militar de la máxima distinción, incluyendo el mando supremo de las fuerzas aliadas que derrotaron a Hitler en la Segunda Guerra Mundial).

Frente a esto, Donald Trump no es más que un millonario por herencia, no por mérito propio, profundamente ignorante y orgulloso de serlo, con una larga lista de comentarios machistas y racistas que alienarán en las elecciones generales todavía más a los hispanos y asiáticos, así como a numerosas mujeres republicanas.

Trump, por temperamento y conocimientos, es sin lugar a dudas el candidato menos preparado para liderar uno de los dos grandes partidos norteamericanos: carece de experiencia internacional y de gobierno, y debido a la toxicidad de su candidatura no conseguirá el apoyo activo de numerosos políticos republicanos, más que de aquellos cuya carrera política está acabada o en trance de acabar (Newt Gingrich o Chris Christie).

Ahora bien, la mayoría del Partido sí que le suministrará un, digamos, "apoyo pasivo" (en el sentido más genérico posible: anunciando su apoyo al "candidato republicano" pero sin aparecer con él en mítines y mucho menos en la Convención republicana).

Resulta un espectáculo ciertamente patético ver a congresistas y Senadores del partido de Abraham Lincoln abandonar el legado de éste en manos de un político absolutamente antagónico al viejo Abe y anunciar su apoyo a Trump porque éste es "mejor que Hillary Clinton" (cosa que es absolutamente falsa desde cualquier prisma, incluido el ideológico).


Desde el punto de vista demócrata, Trump es un regalo caído del cielo: incluso a día de hoy, con Hillary todavía embarcada en una amarga primaria contra Bernie Sanders, las encuestas le dan a la exsecretaria de Estado unos cinco puntos de ventaja de media sobre Trump, y ese porcentaje sin duda se incrementará en cuanto finalicen las primarias demócratas y los seguidores de Sanders vayan volviendo al redil clintoniano (del mismo modo que los seguidores de Hillary Clinton apoyaron a Obama en 2008, pese a unas primarias que fueron mucho enconadas que las actuales).

La lógica invita a pensar que, pese a la creciente separación ideológica entre los dos partidos, estas elecciones poseen un elevado potencial para finalizar en un triunfo demócrata arrollador, por dos motivos contrapuestos: en primer lugar, porque las diferencias ideológicas entre Clinton y Sanders no son especialmente acusadas, y la fusión entre sus votantes no debería ser muy costosa. Por otra, la falta de entusiasmo entre las élites republicanas frente a Trump es conspicua, lo que hará que Trump pierda un porcentaje muy superior de republicanos al habitual en otoño (la pérdida de un 20% tan solo sería devastadora para el GOP). Por otra parte, el estilo de Trump es sencillamente intolerable para la gran mayoría de los norteamericanos.

Muchos comentaristas, llevados de un desprecio perenne hacia los Clinton, consideran que ésta es una candidata floja y que Trump puede dar la sorpresa. Desde el momento en que Trump es el candidato de uno de los dos grandes partidos, sus posibilidades de victoria ciertamente exceden de cero, pero la infravaloración de Hillary Clinton (motivada en muchas ocasiones lisa y llanamente por el machismo de los -¡y las!- periodistas) alcanza en este punto extremos ridículos.

Indudablemente, podría ocurrir que nos encontráramos con una elección disputada (como ya hemos dicho en ocasiones anteriores, si los republicanos se hubieran molestado en elegir a un candidato mínimamente aceptable, probablemente serían ligeramente favoritos contra Hillary). Pero la presencia de un candidato tan espectacularmente inadecuado, tan basto, tan grosero, tan mediocre como Donald Trump permite poner en duda esa tesis. Lo lógico es que Hillary gane absolutamente todos los Estados que ganó Obama en 2012, más algunos Estados que éste ganó en 2008 (Carolina del Norte y quizá Indiana) e incluso algunos Estados que no votan demócrata desde hace muchos años (Arizona o Georgia parecen candidatos interesantes).

En cuanto a la supuesta "inadecuación" de Hillary Clinton, lo cierto es que ella utilizará la baza de ser la primera mujer presidenta contra Trump, que es quizá el candidato peor equipado para hacer frente a una candidata femenina. Por lo demás, tras ser Primera Dama de Arkansas y de Estados Unidos, y particularmente tras ser Senadora durante ocho años, y Secretaria de Estado durante cuatro, Hillary es probablemente una de las personas más cualificadas para ser candidata a la Presidencia en la Historia.

En suma: es más probable que las elecciones acaban en una ola demócrata parecida a la victoria de Reagan sobre Mondale en 1984 (o si Trump lo hace especialmente mal, a la de Johnson frente a Goldwater en 1964) que otra cosa.

El principal problema para los republicanos es que una derrota semejante a nivel presidencial probablemente arrastraría a varios senadores y a docenas de congresistas, perdiendo el Senado y la Cámara de Representantes (además de numerosas cámaras estatales). Además, el Tribunal Supremo, que está en estos momentos dividido 4-4 entre jueces demócratas y jueces republicanos porque el Senado republicano, violando la Constitución, se niega a aceptar al sustituto de Antonin Scalia propuesto por el presidente Obama, también acabaría en manos demócratas.

Estas consideraciones partidarias son las que están motivando el (tibio) rapprochement republicano con Donald Trump, pero lo cierto es que por una vez, los republicanos deberían poner patria por delante de partido, porque no existe absolutamente ningún motivo para apoyar a Trump. Como mucho, cabría no apoyar a ninguno de los dos, pero el apoyo a Trump debería ser considerado descalificante para cualquier político decente.

En fin, seguiremos informando. Pero qué pena da ver a gente que ha llamado a Trump "timador", "narcisista" o "sociópata" decir ahora que le apoyarán como candidato a la Presidencia.

martes, 3 de mayo de 2016

El apocalipsis se acerca: Trump tras las primarias del nordeste

Las primarias del nordeste aclararon mucho las cosas en el frente republicano, no sólo por la victoria incontestable de Trump, sino también por un hecho aparentemente menor que puede revelarse decisivo: Trump empezó a mejorar sustancialmente sus resultados respecto de las encuestas, lo que parece indicar que los votantes republicanos están empezando a cansarse de las primarias (los índices de participación en el Nordeste fueron de los más bajos hasta el momento) y los que votan quieren decantarse por un ganador incontestable, evitando así una convención abierta.

Repasemos los datos básicos:

- A día de hoy, el único candidato con expectativas plausibles de alcanzar la mayoría absoluta de los delegados (1.237) antes del final del proceso de primarias es Donald Trump.

- Ni John Kasich ni Ted Cruz pueden hacerlo matemáticamente. Por lo tanto, si Cruz o Kasich aspiran a ganar la nominación, sólo podrán hacerlo consiguiendo en primer lugar como sea que Trump no alcance los 1.237 delegados y, a continuación, logrando que delegados nominalmente de otros candidatos le apoyen.

- Los excelentes resultados de Trump en el Nordeste han mejorado claramente sus posibilidades de alcanzar la mayoría absoluta de los delegados, aunque sigue sin resultar seguro. Trump deberá ganar el 56,18% de todos los delegados que quedan por repartir, cosa que es difícil, pero no imposible, especialmente dado que varios Estados que quedan otorgan todos o la mayoría de sus delegados al ganador del Estado (y especialmente por la existencia de una baza secreta de Trump: los delegados "no comprometidos de Pennsylvania").

Y estos son los resultados de las últimas primarias:

El 19 de abril votó Nueva York, el Estado natal de Trump, con este arrollador resultado:

- Trump 60,4, Kasich 25,1, Cruz 14,5

Y el 26 de abril, las primarias del nordeste fueron un desastre similar para los "anti-Trump":

Connecticut: Trump 57,9, Kasich 28,4, Cruz 11,7
Delaware: Trump 60,8, Kasich 20,4, Cruz 15,9
Maryland: Trump 54,4, Kasich 23,0, Cruz 18,9
Pennsylvania: Trump 56,7, Cruz 21,6, Kasich 19,4
Rhode Island: Trump 63,8, Kasich 24,4, Cruz 10,4

La comparativa entre la media de las encuestas antes de las primarias del 19 y del 26 y el resultado final es enormemente instructiva: al contrario de lo que venía ocurriendo hasta el momento, Trump captó a la mayoría de los indecisos, seguido por Kasich, mientras que Cruz, de hecho, retrocedió:

Veamos Nueva York en primer lugar:

Poll
Trump
Kasich
Cruz
Spread
60.4
25.1
14.5
Trump +35.3
RCP Average
53.1
22.8
18.1
Trump +30.3

Dinámica que se repitió en Connecticut:

Poll
Trump
Kasich
Cruz
Spread
59.0
29.1
11.9
Trump +29.9
RCP Average
53.7
26.7
13.7
Trump +27.0

En Rhode Island:

Poll
Trump
Kasich
Cruz
Spread
64.7
24.7
10.6
Trump +40.0
RCP Average
52.3
23.0
12.3
Trump +29.3

Y se exacerbó en Maryland, donde tanto Kasich como Cruz retrocedieron respecto a lo que predecían las encuestas:

Poll
Trump
Kasich
Cruz
Spread
56.5
23.9
19.6
Trump +32.6
RCP Average
47.7
26.7
21.7
Trump +21.0

Otro tanto ocurrió en el Estado más importante de la noche, Pennsylvania:

Poll
Trump
Cruz
Kasich
Spread
58.1
22.1
19.8
Trump +36.0
RCP Average
48.3
26.5
21.8
Trump +21.8

Dicho todo lo cual, a día de hoy, el mapa de las primarias republicanas se encuentra así:

Generated Map

El número de delegados que se precisan para ganar las primarias republicanas son 1.237. Así es como va el reparto, según RealClearPolitics y Frontloading HQ:

Donald Trump: 955 delegados, 10.056.690 votos (39,65%)
Ted Cruz: 545 delegados, 6.854.211 votos (27,09%)
John Kasich: 154 delegados, 3.672.832 votos (14,41%)

(Marco Rubio se ha retirado con 172 delegados y 3.461.265 votos (13,68%), hay 124 delegados "sin designar" (de los cuales muchos son de Cruz, pero al menos 40 -en Pennsylvania-, han anunciado su apoyo a Trump tras su aplastante victoria en su Estado) y 16 delegados de otros candidatos, principalmente Ben Carson).

Tras la aplastante derrota sufrida en el Nordeste, los "anti-Trump" han lanzado una serie de medidas que han resultado contraproducentes:

1) Por una parte, las campañas de Cruz y Kasich llegaron a un acuerdo por el cual el segundo no competiría en Indiana, a cambio de que el primero no lo hiciera ni en Oregón ni en Nuevo México. Sin embargo, ese "acuerdo" no ha impedido a Kasich decirle a los votantes de Indiana que continúen votando por él.

En cualquier caso, como decíamos ya en nuestra entrada anterior, resulta imposible coordinar a todos los votantes republicanos, y en segundo lugar, hay un segmento importante de votantes de Kasich que considera que Cruz es demasiado conservador y no piensan votarle, y hay otro segmento importante de votantes de Cruz que piensan que Kasich es demasiado moderado y que no piensan votarle.

2) Pese a ir 400 delegados por debajo de Trump, Cruz, en un intento desesperado de insuflar energía a su campaña, designó a Carly Fiorina como su candidata a la vicepresidencia. Ni la prensa ni los votantes parecen haber mordido el anzuelo, y la campaña de Cruz ahora pende de un hilo.

Las estrategias de ambos candidatos continúan siendo parecidas tras el arrollador triunfo de Trump en el Nordeste, pero las posibilidades de éxito están variando claramente:

A) Trump continúa fiándolo todo a alcanzar la cifra mágica de 1.237 delegados, bien el día 7 de junio, cuando acaben las primarias, o si queda lo suficientemente cerca de ese número, durante los días siguientes, convenciendo al centenar y pico de delegados que irán a la convención teóricamente "no comprometidos" (como hemos dicho, hay 54 delegados de Pennsylvania, de los cuales 40 ya han anunciado que apoyarán a Trump, por lo que éste tiene un cierto colchón) para que le apoyen. En Cleveland, Trump consigue 1.250-1.350 delegados en la primera votación y es elegido candidato.

Trump considera que si alcanza la cifra de 1.237 delegados, el Partido no se arriesgará a cambiar las reglas de juego en la Convención de Cleveland, lo que sería interpretado por todo el mundo menos Ted Cruz como un auténtico golpe de Estado.

B) Cruz, como ya dijimos, está desarrollando un juego mucho más complejo, basado en el sistema de elección de delegados, que no tiene mucho que ver con el resultado de las primarias que se están celebrando.

Los delegados están obligados a apoyar al candidato al que representan durante la primera votación, pero a partir de la segunda, la mayoría de los Estados liberan a sus delegados para que puedan votar a quien quieran.

Por otra parte, en la mayoría de los Estados, las campañas no eligen a los delegados; los eligen convenciones estatales a las que asisten esencialmente miembros del partido muy experimentados (senadores y congresistas estatales, exsenadores y excongresistas estatales, miembros del Comité Estatal Republicano, etc.) gente que, por lo que estamos viendo hasta ahora, posee dos características claras: una escasa simpatía por Donald Trump, y más sintonía con Ted Cruz de la que sienten los congresistas y senadores republicanos federales.

En este escenario, entre los cerca de 1.200 delegados nominalmente pertenecientes a Donald Trump en la Convención de Cleveland habría un número muy elevado de "quintacolumnistas", es decir, delegados que a partir de la segunda o tercera votación (en cuanto se lo permitan las normas de su Estado) teóricamente abandonarían a Trump y apoyarían a Cruz.

El plan de Cruz es pues, esencialmente, el siguiente:

- En la primera votación, Trump no llega a 1237 delegados. En la segunda y tercera votación, los delegados leales a Cruz se unen a los "quintacolumnistas" (delegados nominalmente de Trump que en realidad apoyan a Cruz) y Cruz alcanza los 1237 delegados. Los delegados de Trump abandonan en masa la Convención y probablemente hay violencia en las calles de Cleveland. Pero Cruz es el candidato republicano.

- Cruz, que es un hombre que carece de respeto por las reglas (aunque sin duda sabe usarlas en su favor) tiene un plan todavía más arriesgado en caso de que Trump llegue a 1237 delegados. La Convención tendrá un Comité de Reglas compuesto por 56 miembros (2 por cada Estado, más algunos miembros del Comité Nacional Republicano) que puede modificar retroactivamente las reglas vigentes (en particular, podría permitir a los delegados votar en conciencia desde la primera votación). Evidentemente, la reacción de Trump a una jugarreta de tal calibre sería épica, y la violencia dentro y fuera de la Convención estaría asegurada (además, aquí sí que la prensa -y yo mismo- opinaría que a Trump se le habría robado la nominación).

Este escenario es más difícil de ver que el primero, porque aunque Cruz está intentando rellenar el Comité de Reglas con sus partidarios, es posible que el Comité no tenga valor de cambiar las reglas del juego en el último segundo. La óptica de semejante maniobra es prácticamente golpista.

Por otra parte, la primera maniobra también se está poniendo difícil, si hemos de creer a este artículo de Clare Malone. Al parecer, muchos de los delegados de Cruz "no comprometidos" (por ejemplo en Dakota del Norte) no están dispuestos a apoyar a Cruz si Trump llega a Cleveland con una clara mayoría de delegados -no digamos ya si llega con 1.237-.

Hoy vota Indiana, un Estado socialmente conservador en el que Cruz debería tener una clara oportunidad de éxito. Sin embargo, las encuestas indican a día de hoy una clara ventaja de Trump. Sólo si se produjese un fenómeno parecido a Wisconsin (clara decantación de los indecisos hacia Cruz y voto táctico de los votantes de Kasich a favor de Cruz) Trump podría salir derrotado. Pero es más probable que Trump capte a la mayoría de los indecisos y gane con comodidad, cosa que realmente pondría casi imposible las cosas a las fuerzas "anti-Trump"

Poll
Trump
Cruz
Kasich
Spread
RCP Average
42.8
32.0
14.8
Trump +10.8

Hillary acaba con Sanders: las primarias demócratas

Las primarias del nordeste finalmente han terminado con el espejismo que la prensa mantenía acerca de las posibilidades de victoria de Bernie Sanders.

El 19 de abril Hillary batió contundentemente (58-42) a Sanders en Nueva York, el Estado en el que Sanders nació y que Hillary representó como Senadora durante ocho años.

El 26 de abril cinco Estados del Nordeste celebraron sus primarias y Sanders únicamente consiguió vencer en la diminuta Rhode Island:

- Connecticut: Hillary 51,8, Sanders 46,4
- Delaware: Hillary 59,8, Sanders 39,2
- Maryland: Hillary 63, Sanders 33,2
- Pennsylvania: Hillary 55,6, Sanders 43,6
- Rhode Island: Sanders 55, Hillary 43,3

Como se puede apreciar, en los Estados en los que había más minorías (Maryland, Delaware, y hasta cierto punto Pennsylvania) la victoria de Hillary fue clara (arrolladora en algún caso), mientras que en los Estados de Nueva Inglaterra, más liberales pero también más blancos, Sanders fue mucho más competitivo.

El mapa de las primarias hasta el momento queda así:

Generated Map

El número de delegados que se precisan para ganar las primarias demócratas son 2.382. Así es como va el reparto de delegados y votos a día de hoy, según RealClearPolitics:

Hillary Clinton: 2165 (1645 delegados, 520 superdelegados), 12.135.109 votos
Bernie Sanders: 1357 (1318 delegados, 39 superdelegados), 8.967.401 votos

En suma, Hillary aventaja ya a Sanders en más de 330 delegados elegidos por los votantes, la abrumadora mayoría de los superdelegados y más de 3 millones de votos.

Sanders finalmente ha reaccionado de manera coherente: ha empezado a despedir a miembros de su campaña, ha manifestado que irá a la Convención "a discutir sobre el programa electoral" (es decir, no a disputarle a Hillary la nominación), aunque insiste en continuar disputando primarias (por cierto, su captación de fondos durante el mes de abril se ha reducido a la mitad de lo que obtuvo en marzo, a medida que los contribuyentes se dan cuenta de que están financiando una causa perdida).

Lo cierto es que el mapa que queda no es especialmente bueno para Sanders: aunque lo peor ya ha pasado (Nueva York y el Nordeste), el resto de Estados que quedan por votar simplemente son incapaces de darle al Senador de Vermont un 64% de votos de media. Marco una vez más en rojo los Estados que a día de hoy favorecen a Hillary según las encuestas y según la demografía, en azul a Sanders, y en verde los dudosos (siendo lo más generosos posibles con Sanders):

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Aunque Sanders ganará sin duda en la muy liberal y muy blanca Oregon, en los Estados del Oeste interior (con la única duda de Dakota del Sur, que apoyó a Hillary hace ocho años), y muy probablemente en los Estados de los Apalaches, Kentucky y Virginia Occidental, donde los demócratas conservadores están furiosos con Clinton por sus comentarios contra la industrial del carbón, eso simplemente no le bastará para compensar la ventaja que ya lleva Hillary y la que le sacará con los dos Estados con más delegados que quedan (California y New Jersey) que las encuestas indican que Hillary va a ganar con comodidad.

Hoy vota Indiana, donde Hillary es ligeramente favorita. Las dos semanas siguientes (Virginia Occidental- Kentucky- Oregon) serán buenas para Sanders, y luego la campaña parará durante casi tres semanas, hasta el gran Supermartes final, donde California y Nueva Jersey le darán a Hillary los 2.382 delegados (y un par o tres de centenares más) para asegurar la nominación.

lunes, 18 de abril de 2016

¿Hacia la convención termonuclear? Las primarias republicanas

Si la situación en las primarias demócratas es bastante clara (holgada ventaja de Hillary Clinton y ninguna duda sobre el resultado final) la situación en las primarias republicanas es cada vez más confusa.

Afirmemos para empezar algunas verdades antes de comentar las cuestiones discutibles:

- A día de hoy, el único candidato con expectativas plausibles de alcanzar la mayoría absoluta de los delegados (1.237) antes del final del proceso de primarias es Donald Trump.

- John Kasich no puede hacerlo matemáticamente y Ted Cruz, que teóricamente podría hacerlo (faltan 769 delegados por repartir y él necesita 696) no podrá después de mañana, cuando pierda abrumadoramente las primarias de Nueva York. Por lo tanto, si Ted Cruz aspira a ganar la nominación, sólo podrá hacerlo consiguiendo que delegados nominalmente de otros candidatos le apoyen.

- Es más, debido a la configuración de las próximas primarias, resulta sumamente difícil ver como Cruz puede superar a Trump tanto en votos como en delegados (incluso en el mejor escenario para Cruz, Trump le batirá aproximadamente 1.100 a 900 en número de delegados).

- Por otra parte, aunque Trump tenga posibilidades de alcanzar la mayoría absoluta de los delegados, en modo alguno se trata de un fait accompli. Trump deberá ganar el 62,42% de todos los delegados que quedan por repartir, cosa que no es imposible, pero que es difícil cuando su media de votos obtenidos hasta el momento es del 37%.

- En las últimas semanas, Ted Cruz ha conseguido reducir la ventaja de Trump, tanto en delegados, (gracias a su superior organización en las convenciones en Colorado, Wyoming y Dakota del Norte) como en votos (merced sobre todo a su victoria en Wisconsin, que se produjo debido a un doble fenómeno: los votantes indecisos se decantaron por él, y los votantes de Kasich abandonaron en parte a su candidato para apoyar a Cruz contra Trump).

La comparativa entre la media de las encuestas antes de las primarias de Wisconsin y el resultado final es muy significativa: Trump prácticamente no capta indecisos, que votan a Cruz junto con un tercio de los votantes que afirmaban que apoyarían a Kasich:

Poll
Cruz
Trump
Kasich
Spread
48.2
35.1
14.1
Cruz +13.1
RCP Average
39.2
34.5
20.0
Cruz +4.7

- Lamentablemente, mañana, en Nueva York, Cruz no podrá replicar esa misma estrategia, porque Trump lidera en su Estado natal con más del 50% de los votos, y el perfil de sureño evangélico de Cruz es totalmente anatema para los republicanos neoyorquinos. Cruz aspira como mucho a sacar un 20% del voto:

Poll
Trump
Kasich
Cruz
Spread
RCP Average
52.6
22.9
17.9
Trump +29.7

Dicho todo lo cual, a día de hoy, el mapa de las primarias republicanas se encuentra así:

Generated Map

El número de delegados que se precisan para ganar las primarias republicanas son 2.382. Así es como va el reparto, según RealClearPolitics y Frontloading HQ:

Donald Trump: 757 delegados, 8.197.535 votos (37%)
Ted Cruz: 541 delegados, 6.263.349 votos (28,3%)
John Kasich: 144 delegados, 2.960.411 votos (13,4%)

(Marco Rubio se ha retirado con 172 delegados y 3.435.009 votos (15,6%), hay 70 delegados "sin designar" (aunque la mitad de estos son delegados de Ted Cruz en todo menos en nombre) y 16 delegados de otros candidatos, principalmente Ben Carson).

La estrategia de los "NeverTrump" parecería, por lo tanto, clara:

1) Trump tiene al mismo tiempo un suelo y un techo muy sólido: entre un 35-40% de los votantes republicanos le apoyan y le apoyarán.

2) Pero el 60-65% de los votantes republicanos no le apoyan y, por lo tanto, si el voto anti-Trump se agrupa, Trump podría ser derrotado en la mayoría de las primarias restantes.

3) El problema de esta estrategia es doble: en primer lugar, resulta imposible coordinar a todos los votantes republicanos, y en segundo lugar, hay un segmento importante de votantes de Kasich que considera que Cruz es demasiado conservador y no piensan votarle (como se vio en Wisconsin), y hay otro segmento importante de votantes de Cruz que piensan que Kasich es demasiado moderado y que no piensan votarle (como se verá mañana en Nueva York).

4) Esa división del voto provocará la victoria de Trump en muchos Estados en los que las encuestas no le dan un 50% (Pennsylvania, Maryland, quizá California) y le dará muchos delegados que de otro modo no habría obtenido.

5) Ahora bien, Ted Cruz tiene un arma secreta que pasamos a explicar a continuación y que es posible que le dé la nominación incluso si Trump alcanza la mayoría absoluta de los delegados.

Las estrategias de ambos candidatos son las siguientes:

A) Trump lo fía todo a alcanzar la cifra mágica de 1.237 delegados, bien el día 7 de junio, cuando acaben las primarias, o si queda lo suficientemente cerca de ese número, durante los días siguientes, convenciendo al centenar y pico de delegados que irán a la convención teóricamente "uncomitted" (dentro de estos, hay 54 delegados de Pennsylvania que podrían ser decisivos) para que le apoyen. En Cleveland, Trump consigue 1.250-1.300 delegados en la primera votación y es elegido candidato.

Trump considera que si alcanza la cifra de 1.237 delegados, el Partido no se arriesgará a cambiar las reglas de juego en la Convención de Cleveland, lo que sin duda provocaría una reacción termonuclear en el candidato, entre sus votantes y (sospecho) en la opinión pública en general.

B) Cruz, en cambio, está desarrollando un juego mucho más complejo, basado en el sistema de elección de delegados, que no tiene mucho que ver con el resultado de las primarias que se están celebrando.

Me explico: los delegados están obligados a apoyar al candidato al que representan durante la primera votación, pero a partir de la segunda, la mayoría de los Estados liberan a sus delegados para que puedan votar a quien quieran.

Por otra parte, en la mayoría de los Estados, las campañas no eligen a los delegados; los eligen convenciones estatales a las que asisten esencialmente miembros del partido muy experimentados (senadores y congresistas estatales, exsenadores y excongresistas estatales, miembros del Comité Estatal Republicano, etc.) gente que, por lo que estamos viendo hasta ahora, poseen dos características claras: una escasa simpatía por Donald Trump, y más sintonía con Ted Cruz de la que sienten los congresistas y senadores republicanos federales.

Por lo tanto, parece claro que entre los 1.100-1.200 delegados nominalmente pertenecientes a Donald Trump en la Convención de Cleveland habrá un número muy elevado de "quintacolumnistas", es decir, delegados que a partir de la segunda o tercera votación (en cuanto se lo permitan las normas de su Estado) abandonarán a Trump y apoyarán a Cruz.

El plan de Cruz es, esencialmente el siguiente:

- En la primera votación, Trump no llega a 1237 delegados. En la segunda y tercera votación, los delegados leales a Cruz se unen a los "quintacolumnistas" (delegados nominalmente de Trump que en realidad apoyan a Cruz) y Cruz alcanza los 1237 delegados. Los delegados de Trump abandonan en masa la Convención y probablemente hay violencia en las calles de Cleveland. Pero Cruz es el candidato republicano.

- Cruz, que es un hombre que carece de respeto por las reglas (aunque sin duda sabe usarlas en su favor) tiene un plan todavía más arriesgado en caso de que Trump llegue a 1237 delegados. La Convención tendrá un Comité de Reglas compuesto por 56 miembros (2 por cada Estado, más algunos miembros del Comité Nacional Republicano) que puede modificar retroactivamente las reglas vigentes (en particular, podría permitir a los delegados votar en conciencia desde la primera votación). Evidentemente, la reacción de Trump a una jugarreta de tal calibre sería épica, y la violencia dentro y fuera de la Convención estaría asegurada (además, aquí sí que la prensa -y yo mismo- opinaría que a Trump se le habría robado la nominación).

Este escenario es más difícil de ver que el primero, porque aunque Cruz está intentando rellenar el Comité de Reglas con sus partidarios, es posible que el Comité no tenga valor de cambiar las reglas del juego en el último segundo. La óptica de semejante maniobra es prácticamente golpista.

En cualquier caso, lo que sí parece evidente es que, si las cosas continúan como hasta ahora, la Convención de Cleveland probablemente será tremenda, y puede dejar en nada los disturbios de la Convención Demócrata de 1968 y las maniobras de la Convención Republicana de 1976.

domingo, 17 de abril de 2016

Entrando en la recta final: las primarias demócratas

Tras el supermartes del pasado 15 de marzo, el ritmo de las primarias demócratas se ha ralentizado poderosamente. Ello, unido al hecho de que Sanders ha ganado las últimas siete contiendas (Idaho, Utah, Washington, Alaska, Hawaii, Wisconsin y Wyoming), mantiene artificialmente con vida a la campaña del socialista de Vermont. La victoria de Wisconsin en particular (Sanders 56,6, Clinton 43,1) dio lugar a los habituales lamentos de plañideras sobre la debilidad de Hillary Clinton. pero lo cierto es que Sanders únicamente se está mostrando capaz de ganar en Estados blancos como la leche (y caucuses, que reducen la participación a votantes jóvenes y entusiastas), mientras que Hillary Clinton gana en Estados que se parecen más al Partido Demócrata (un convo blancos liberales + hispanos + negros).

El mapa hasta el momento permite apreciar esto claramente: 

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El número de delegados que se precisan para ganar las primarias demócratas son 2.382. Así es como va el reparto a día de hoy, según RealClearPolitics:

Hillary Clinton: 1758 (1289 delegados, 469 superdelegados), 9.350.572 votos
Bernie Sanders: 1076 (1045 delegados, 31 superdelegados), 6.946.913 votos

Como se puede ver, Hillary sigue aventajando a Sanders en casi 250 delegados elegidos por los votantes, la abrumadora mayoría de los superdelegados y 2,4 millones de votos.

El mapa, además, se pone muy cuesta arriba para Sanders a partir de ahora: este martes vota Nueva York, donde las encuestas le dan de media casi 14 puntos de ventaja a Hillary. Pero es que lo que viene después no es mucho mejor: el 26 votan cinco Estados del nordeste, en todos los cuales las encuestas reflejan una gran ventaja para Hillary. El mapa mejora un pelín después para Sanders, pero en cualquier caso no hasta el punto de garantizarle victorias por encima del 60% de los votos, como necesitaría para superar a Clinton en número de votos y delegados. Marco una vez más en rojo los Estados que a día de hoy favorecen a Hillary según las encuestas y según la demografía, en azul a Sanders, y en verde los dudosos (siendo lo más generosos posibles con Sanders):

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Una vez más, como se puede ver, precisamente los tres premios gordos, Nueva York, Pennsylvania y California, favorecen a Hillary. Sanders puede ganar algunos Estados pequeños y medianos (Oregon, Montana), pero eso simplemente no le bastará para compensar la ventaja que ya lleva Hillary y la que le sacará con los Estados grandes y medianos (Maryland, New Jersey) que las encuestas indican que Hillary va a ganar con comodidad.

A veces tengo la impresión de que me paso la campaña menospreciando a Bernie Sanders, pero el principal problema con sus seguidores más beligerantes es que parecen incapaces de reconocer que su peor enemigo no es Hillary Clinton, sino las matemáticas: es imposible que Bernie supere a Hillary salvo que ocurra algún tipo de cataclismo totalmente imprevisible.

Dicho esto, Bernie ha ejecutado una campaña brillante: si hace un año alguien hubiera pronosticado que un senador socialista de Vermont iba a obtener -hasta el momento- el 42% del voto en las primarias demócratas, hubiera sido recibido con chanzas despectivas. Sanders ha planteado un desafío importante a Hillary, le ha obligado a trabajar mucho más duro de lo que esperaba, y al obligarla a competir en todos los Estados, probablemente ha favorecido a su campaña en las generales, al igual que a Obama le ayudó tener que batir a Clinton en todos los Estados de cara a su victoria en 2008, creando una infraestructura en lugares donde habitualmente los demócratas no competían (estoy pensando, por ejemplo, en Indiana).