viernes, 20 de enero de 2017

Un salto a la oscuridad

La toma de posesión de Donald Trump como 45º Presidente de los Estados Unidos este viernes culmina un curso político marcado por una palabra: la frivolidad. 

2016 fue un año en el que los votantes actuaron, en líneas generales, con una ligereza aterradora. Quizá los dos momentos paradigmáticos, en ese sentido, fueron el voto británico de salida de la Unión Europea, y la elección de Trump (estoy dispuesto a ver de un modo más caritativo el voto negativo de Colombia al acuerdo de paz con las FARC e incluso el rechazo de los italianos al referéndum de reforma constitucional, aunque en retrospectiva también creo que las dos decisiones fueron erróneas). 

La decisión británica será vista en el futuro como uno de las equivocaciones más garrafales cometidos en la historia de un país que hasta ahora tenía un historial bastante digno en ese terreno (al menos, en comparación con otros). Sin embargo, en esta ocasión, el resbalón es evidente, y motivado por una visión completamente passé acerca de la posición británica en el mundo.

Un número demasiado elevado de votantes británicos tiene todavía una visión imperial de Gran Bretaña, cuando la realidad es que el país carece de importancia en el concierto mundial en solitario. Las amenazas de la primera ministra Theresa May de convertir al Reino Unido en un paraíso fiscal en caso de que el Brexit no le sea favorable demuestran precisamente la perdida de relevancia del país, y la ausencia de talento en la clase política británica actual: su antecesor David Cameron era un frívolo que convocó un referéndum sin tener preparado un plan de contingencia en caso de resultado negativo, mientras que su ¿aliado? Jeremy Corbyn resultó ser un incompetente antieuropeo que conducirá al Partido Laborista a un desastre que dejará pequeño al de 1983, traicionando por el camino el legado europeista del Partido.

Separado de Europa por propia voluntad, el Reino Unido se adentra en la oscuridad. Sus líderes políticos han sido incapaces de combatir las mentiras de los demagogos sobre el dinero que la Unión Europea les robaba a los jubilados, o sobre las hordas de inmigrantes que supuestamente iban a acabar con la buena y vieja Inglaterra.

Quizá hubiera sido demasiado pedir altura de miras al actual liderazgo británico, pero nos hubiéramos conformado con que se hubieran comportado con el viejo cinismo de Humphrey Appleby, dentro de la Unión:

 

La gran catástrofe, sin embargo, quizá el mayor desastre para el mundo desde la toma del poder de cierto canciller con bigotito en Berlín, 1933, es la coronación de Donald Trump.

Ese resultado impensable hasta hace unos meses es fruto una vez más de la frivolidad. De una doble frivolidad en este caso: 

- La de los conservadores norteamericanos, que directamente votaron a Trump (hay que leer para creer la banalidad con la que Stanley Payne admite en su última entrevista en La Vanguardia que votó por Trump "confiado en que si se pasa, le destituirán". Payne es historiador y sabe perfectamente que nunca se ha destituido a un Presidente americano, ni siquiera a Andrew Johnson, cuyo comportamiento entre 1865-1869 le hizo un daño espantoso a la nación. ¿Qué le hace pensar que el Partido Republicano que nominó y votó a Trump le destituirá? Este GOP no tiene nada que ver con el que en 1974 estaba dispuesto a destituir a Nixon). Que los conservadores piensen que un tipo que alardea de su acoso a las mujeres, divorciado en dos ocasiones, encarna de algún modo los valores que ellos supuestamente tienen por importantes, clama al cielo (en el que Trump, por cierto, no cree).

- La de cierta izquierda norteamericana, que indirectamente eligió a Trump al votar a Jill Stein, la candidata verde, o a Gary Johnson, el candidato libertario, sin ninguna posibilidad de victoria, para mandar "un mensaje", o "porque los dos Partidos son iguales"o intoxicados por los servicios secretos rusos, que consiguieron diseminar una multitud de noticias falsas a lo largo de la campaña cuya acumulación ha acabado resultando decisiva para la victoria de Donald Trump. Todos esos tontos útiles van ahora a descubrir las consecuencias de su ligereza en sus propias carnes y lo que es más grave, en las de nuestros hijos.

Desde que se inició su loca carrera a la Presidencia, los comentaristas llevan esperando contra toda esperanza que Trump se vuelva más "presidencial". Eso es imposible, porque Trump es incompetente. Todo indica que el magnate inmobiliario es un hombre espectacularmente falto de preparación para el cargo que va a pasar a ocupar. No tiene la menor idea de los desafíos que supone liderar la nación más importante del mundo, y lo que es más grave, carece de la humildad y el buen juicio para tomar decisiones correctas.

No cabe duda de que su política interior, dirigida a arrebatarle su seguro médico a 20 millones de norteamericanos (incluidos muchos de sus votantes, mintiendo sin ambages sobre su inexistente sustitución), a sojuzgar a las minorías raciales por todos los medios legales y alegales posibles, y, en general, a redistribuir la riqueza desde los pobres a los millonarios que pueblan su Gabinete (el menos variado en muchísimos años: ni un hispano, apenas mujeres, media de edad: 70 años), será un desastre y enfrentará a los norteamericanos entre sí de un modo que no se ha visto desde hace 150 años.

En cuanto a su política exterior, su conducta desde la fecha de las elecciones ha sido característica: abrazando a la Rusia de Putin, alabando el Brexit y afirmando que la OTAN es una estructura obsoleta, amenazando con la asfixia económica de México... En suma, parece evidente que el sueño de todos los dirigentes de Moscú desde 1945 por fin se ha cumplido: un Presidente prorruso (es decir, autoritario y demagogo) y antieuropeo gobernará Estados Unidos en los próximos cuatro años.

¿Y Europa qué tiene que decir al respecto? Nada. Amputada del Reino Unido, a punto de sufrir elecciones en varios de sus Estados miembros en las que fuerzas nacionalistas (Le Pen en Francia, Wilders en Holanda, AfD en Alemania) cuyo objetivo político no es otro que precisamente el de destruir Europa mejorarán sustancialmente sus resultados y exigirán políticas proteccionistas y antiinmigratorias que dañarán a la envejecida y cada vez políticamente más irrelevante Europa. Nos hallamos envueltos en una espiral de autodestrucción. Obnubilados por la amenaza terrorista, que aunque grave, no es ni mucho menos tan grave como la amenaza de la dictadura rusa sobre una Europa desprovista de la protección americana, cada vez parece más evidente que estamos dispuestos a cumplir el adagio de Benjamin Franklin:

"Those who would give up essential Liberty, to purchase a little temporary Safety, deserve neither Liberty nor Safety"

Todos los países de Europa del Este, que deberían saber mejor lo que hacen, se encuentran en una clara deriva autoritaria (en particular, Polonia y Hungría) y reniegan de la Unión Europea sin darse cuenta de que la misma es su única protección frente a un hombre que continúa pensando que la mayor catástrofe del Siglo XX no fue el Holocausto judío y gitano, o el genocidio armenio o camboyano (no digamos ya las hambrunas provocadas en Ucrania por Stalin), sino la disolución pacífica de la Unión Soviética y el fin del sojuzgamiento dictatorial de la propia Europa del Este.

Trump, que no es más que un fanfarrón y un cobarde, como todos los fanfarrones, dejará hacer a Putin en Europa y en Oriente Medio. Dentro de cuatro años lamentaremos su elección. Esperemos que al menos podamos lamentarla, sin que la opresión haya finalmente acabado con la libertad de expresión que hasta ahora ha reinado en Occidente y que Vladimir Putin no tolera en la Rusia que Donald Trump tanto admira.

La única esperanza reside en que los demócratas se mantengan firmes y que algunos pocos republicanos decentes (¿John McCain quizá?) y la prensa (que no ha tenido un desafío similar desde los tiempos del Watergate) hagan su trabajo y salven a Estados Unidos (y al mundo) de los ataques que Donald Trump iniciará a partir de este mediodía, hora de Washington, contra la separación de poderes y contra la democracia.

¿Será Trump el peor Presidente de la historia de Estados Unidos? James Buchanan dejó el listón muy alto en 1861, pero Trump, desde luego, tiene números para acercarse mucho. Paradójicamente, su incompetencia es lo único que quizá pueda salvarnos de las consecuencias de sus evidentes instintos antidemocráticos.

lunes, 28 de noviembre de 2016

En la muerte de Fidel Castro

Existen grandes tentaciones a la hora de analizar la figura de Fidel Castro. La primera, sin duda, es someterla a nuestro prisma ideológico personal (si eres de derechas, Castro era malo; si eres de izquierdas, Castro era bueno). La segunda es concentrarse en su retórica (igualitaria, revolucionaria) olvidando su ejecutoria (autoritaria, antidemocrática).

Mapa de Cuba

Sus afines y sus adversarios llevan en los últimos días, tras su fallecimiento, lanzándose datos unos contra otros: las elevadas tasas de alfabetización y la reducción de la mortalidad demuestran que el régimen castrista fue un éxito; la pauperización creciente de la sociedad cubana demuestran que el castrismo era malo. La desgracia de Internet es que cualquier posición encuentra hoy argumentos en su apoyo, y cada vez resulta más difícil alcanzar un consenso.

A riesgo de simplificar, sin embargo, creo que podemos evaluar al régimen castrista respondiéndonos a nosotros mismos dos simples preguntas:

1) Si el régimen cubano desde 1959 es tan estupendo como afirman sus partidarios, ¿por qué motivo más de 1,5 millones de cubanos han abandonado desde esa fecha la isla en dirección primordialmente a Estados Unidos, pero también a España o a otros países? Y no cabe afirmar que todos los exilios se han producido por razones políticas (¿eran refugiados políticos los cubanos de la crisis de los balseros de 1994?)

Miremos al espejo de la historia con sinceridad: la gente no abandona a oleadas un país que va bien. Sea por motivos de represión política (los judíos alemanes y austriacos en 1933 o 1938, los republicanos españoles en 1939, los húngaros después de 1956, los checos después de 1968), sea por motivos de miseria económica (la emigración española en los 60, la emigración europea en general hacia Estados Unidos en el Siglo XIX, la emigración africana hacia Europa en los últimos años), la gente huye de los malos países, de las dictaduras, o de los lugares en los que reina la miseria.

Los países exitosos reciben inmigrantes (Estados Unidos, Canadá, Alemania); los Estados fallidos tienen saldos migratorios negativos. Y en ese segundo grupo destaca Cuba (el 188º país de 221 en lo que respecta al saldo migratorio). Los cubanos no ven mucho futuro en su país y por eso emigran. Ése es el gran fracaso de los 57 años que llevamos de castrismo.

Frente a esto, podemos invocar el embargo americano (pero entonces no podemos dejar de hablar de las ayudas soviéticas entre 1959 y 1991, y de las ayudas venezolanas desde 1999). Lo cierto es que los cubanos emigran. Y no vuelven. Por algo será.

2) Segunda pregunta: si el régimen cubano desde 1959 es tan estupendo como afirman sus partidarios, ¿por qué motivo las autoridades castristas no tienen el valor de convocar elecciones libres o al menos un referéndum libre sobre la continuidad o no del régimen? ¿Qué excusa plausible puede darse después de 57 años de gobierno autoritario? Si el régimen considera que goza del apoyo del pueblo, no debería temer el resultado de una votación. Y si lo teme, es porque, en el fondo, en caso de un resultado negativo para sus intereses, tendrían que hacer lo que proponía Brecht burlonamente tras la sublevación de 1953 en Alemania Oriental: "el pueblo ya no merece la confianza de nuestro Partido. ¿No sería más sencillo para el Gobierno disolver al pueblo y elegir otro?".

En 1988 otro dictador latinoamericano también afirmaba que el pueblo estaba de su lado, pero estaba tan convencido de ello que decidió someter la cuestión de su continuidad a una votación libre (con todos los matices que se quieran; el que quiera saber más acerca de la cuestión que vea la estupenda película chilena "No"). Y perdió. Se llamaba Augusto Pinochet. 

Si un tipo tan inmoral y corrupto como Augusto Pinochet fue capaz de montar un plebiscito sobre su continuidad y perderlo, aceptando (aunque fuera a regañadientes) la transición hacia un régimen democrático, uno no alcanza a entender cómo es posible que Cuba no tenga la decencia de someter la continuidad de su régimen al mismo mecanismo. Por algo será.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Trump triumphans: radiografía de una catástrofe (I)

Resulta difícil imaginar un resultado más desastroso para Estados Unidos y para el mundo entero que la victoria de Donald Trump este martes en las elecciones presidenciales.

Vaya por delante que esa "victoria" lo fue únicamente en el Colegio Electoral. En el momento en que escribo estas líneas -domingo en torno a las 19 horas- Hillary Clinton lidera en el voto popular por 700.000 votos nada menos, margen que se doblará o incluso triplicará cuando se acaben de contar los votos en California y Washington, primordialmente (faltan unos 5 ó 6 millones de votos por contar, aproximadamente).

Concretamente, a día de hoy, los resultados en el voto popular son los siguientes:

Clinton: 61.292.712 votos (Obama 65.915.796 votos en 2012): - 4.623.084
Trump: 60.565.143 votos (Romney 60.933.500 votos en 2012): - 368.357
Terceros candidatos: 6.684.449 votos (2.236.107 votos en 2012): + 4.448.342

(Todos estos datos proceden de la magnífica tabla que cada cuatro años elabora el gran Dave Wasserman: 

https://docs.google.com/spreadsheets/d/133Eb4qQmOxNvtesw2hdVns073R68EZx4SfCnP4IGQf8/htmlview?sle=true#gid=19)

Por lo tanto, y con los datos en la mano, y a falta de varios millones de votos por computar, vamos a destruir el primer mito de estas elecciones: la participación no se ha hundido, y eso no es lo que ha derrotado a Hillary Clinton.

En el Colegio Electoral, sin embargo, el voto de Donald Trump se ha distribuido de una manera mucho más eficiente, propiciando un desplazamiento de cien votos electorales desde la columna demócrata a la columna republicana (306 republicanos, frente a 232 demócratas):

Generated Map


Concretamente, en el siguiente mapa podemos ver qué Estados han cambiado de manos: dejando a un lado Florida, que es un caso especial, se puede apreciar perfectamente qué región es la que ha cambiado de manos: cinco de los siete Estados del Medio Oeste: Iowa, Wisconsin, Michigan, Ohio y Pennsylvania, salvo Minnesota (y ésta por poco) e Illinois (donde la demócrata Chicago es tan potente que desborda al resto del Estado). Y un voto electoral en Maine.

Generated Map

Pero todavía más interesante es ver, cómo viene siendo el caso en las últimas elecciones y tal y cómo ya anticipábamos en una de nuestras entradas preelectorales, que se han producido dos movimientos tectónicos contrapuestos en las presidenciales: una ola de votantes blancos de clase media-baja que ha aupado a Trump de dos maneras: o bien votando cuando no solían hacerlo, o bien cambiando su voto de Obama en 2012 a Trump en 2016.

El siguiente mapa es muy interesante: en azul los Estados en los que el desplazamiento de voto hacia los republicanos ha excedido la media nacional (+ 3,3 puntos respecto a cuatro años atrás) en verde los Estados en los que dicho desplazamiento ha sido inferior a la media nacional y en rojo los Estados en los que los demócratas han mejorado los resultados de Obama hace cuatro años.

Generated Map

Como se puede ver, los republicanos lo han hecho especialmente bien en un triángulo que abarca desde el oeste de Montana, pasando por Wyoming, Nebraska, Missouri, Tennessee, Mississipi y Alabama, y sube de nuevo por Tennessee, Kentucky, Virginia Occidental y toda Nueva Inglaterra con la única excepción de Massachusetts.

Por su parte, los demócratas no sólo no retroceden, sino que mejoran sus resultados de hace cuatro años en la costa Oeste (excepto Oregón) y el Sudoeste (especialmente Arizona y Texas), así como en Georgia y Virginia.

Todavía más interesante es la comparación del voto Romney-Trump: en azul, los Estados en los que Trump ha superado en porcentaje de votos a Romney; en rojo, aquellos en los que su porcentaje de voto ha sido inferior:


Generated Map


Como se puede ver, en todo el Sudoeste (y en Florida), la región más hispana de Estados Unidos, el voto republicano ha retrocedido en términos porcentuales, mientras que en el Oeste y en el Medio Oeste, ha subido, en algunos casos, como Dakota del Norte o Iowa, de manera muy considerable.

La historia de estas elecciones, en suma, es la historia de dos olas: una ola hispana que, asustada por Donald Trump, ha intentado frenarlo en los Estados en los que constituyen una parte sustancial del voto, y una ola blanca, particularmente, pero no sólo de clase media baja, que hace cuatro años no fue a votar o que, en muchos casos, votó por Obama, y que ahora ha decidido votar contra Hillary Clinton.

Éstos son los datos sobre la distribución del voto blanco por nivel de ingresos. Obsérvese que en TODOS los segmentos gana Trump, y que curiosamente el segmento más favorable es los votantes con ingresos de 50 a 100.000 Euros, clase media bastante pura:



Obsérvese en este mapa el desplazamiento hacia la derecha del voto blanco en el Medio Oeste industrial, donde los blancos sin educación universitaria constituyen la mayoría de los votantes.




Y para acabar, un cuadro que muestra la distribución provisional del voto por condados: cuanto más rojo el condado, más republicano respecto a hace cuatro años (véase Iowa, norte de Wisconsin, sur de Missouri, la frontera Ohio-Virginia Occidental o el norte de Nueva York, entre otros muchos ejemplos del triángulo que mencionábamos antes). En cambio, el desplazamiento del voto hacia los demócratas se ve en Seattle, la costa de California, Utah, Arizona, núcleos urbanos de Texas, Miami, Atlanta, Chicago, Boston, Philadelphia, etc).



En resumen: el voto rural y suburbano ha girado, de manera especialmente masiva en el Medio Oeste, hacia los republicanos, mientras que el voto urbano ha girado hacia los demócratas. Pero como los republicanos más o menos se han mantenido, mientras que los demócratas han perdido votos, en especial hacia terceros partidos, eso ha permitido una holgada victoria de Trump en el Colegio Electoral, pese a ir perder el voto popular.

En la próxima entrada analizaremos las claves del triunfo de Trump, más allá de las coordenadas geográficas que hemos dado aquí.

martes, 8 de noviembre de 2016

¿A qué hora cierran los distintos Colegios Electorales en Estados Unidos?



Cortesía de Daily Kos, hay que restarle seis horas a todas las que aparecen en el mapa. Los primeros colegios electorales cierran en Indiana y Kentucky a medianoche, hora española, y los últimos, en las Aleutianas, cierran a las siete de la mañana, hora española.

Salvo que uno sea un fanático de estas cosas (ejem, ejem, tos, tos) no hace falta trasnochar, y puede despertarse tranquilamente por la mañana para encontrarse con la primera mujer Presidenta de la historia de Estados Unidos.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Las otras elecciones: la batalla por el Congreso

Además de las elecciones presidenciales y de las elecciones a un tercio del Senado, a nivel federal se renueva cada dos años la Cámara de Representantes, compuesta de 435 miembros. Tras las elecciones de 2008, los demócratas llegaron a tener una contundente mayoría de 257 a 178 sobre los republicanos, pero ese resultado se invirtió fulminantemente en las elecciones de medio mandato de Obama, en 2010, en las que los republicanos consiguieron ganar nada menos que 63 escaños, amparándose, entre otras cosas, en el hecho de que había un número muy elevado de congresistas demócratas en distritos rurales marcadamente conservadores. Aunque en 2012 los demócratas consiguieron recuperar algo de terreno, en las elecciones de medio mandato de 2014 cedieron todavía más escaños, hasta el punto de que a día de hoy los republicanos tienen la mayoría más contundente de la que han dispuesto en la Cámara desde 1928 (en rojo oscuro y claro, los escaños republicanos, en azul oscuro y claro, los escaños demócratas):



A raíz del resultado de las elecciones de 2014, los republicanos pasaron a dominar el Congreso por 247 a 188. Por si esa fuerte mayoría no fuera suficiente, los demócratas habían sufrido aplastantes pérdidas en las elecciones a Congresos y Senados estatales en 2010, justo en el peor momento posible, porque cada diez años toca rediseñar las fronteras de los distritos del Congreso, tarea que llevaron a cabo las cámaras estatales, que en la mayoría de los casos pasaron a manos republicanas.

Los republicanos, de manera sensata, rediseñaron los distritos protegiendo a sus nuevos congresistas más que intentando ampliar su ya vasta mayoría. Como se puede ver, la inmensa mayoría de los distritos rurales están ahora en manos de los republicanos, con algunas excepciones aisladas en Minnesota, Iowa, distritos de mayoría negra en el Sur o de mayoría latina en el Sudoeste. Los demócratas están apiñados en los distritos urbanos a lo largo de todo el país, lo cual hace que la distribución de su voto sea ineficiente, lo que, junto al gerrymandering republicano, es el factor más importante para explicar la casi-permanente minoría demócrata.

Todo ello haría ya de por sí difícil la recuperación de la mayoría demócrata en el Congreso, pero el súbito acercamiento de las encuestas presidenciales hace prácticamente imposible que en 2016 los demócratas ganen los 30 escaños que necesitarían para recuperar el control del Congreso.

Y ello sin contar el hecho de que hay algunos escaños en manos demócratas que se van a perder este martes: el segundo distrito de Florida, que ha sido redibujado por los jueces de una manera tan republicana que ningún demócrata puede ganarlo, o el segundo de Minnesota, un distrito rural de Minnesota donde Trump va a mejorar los resultados de Romney, poniendo en peligro al congresista demócrata que lo representa.

¿Qué supone eso? Desde el punto de vista demócrata, cuatro años más de bloqueo legislativo. Tras la victoria republicana en 2010, prácticamente no ha existido legislación de mérito aprobada por el Congreso. Es más, incluso cuando el Senado cayó en manos republicanas en 2014, Senado y Congreso han sido poco capaces de ponerse de acuerdo en legislar, de modo tal que Obama ha tenido que emitir muy pocos vetos a las leyes dictadas por aquéllos. Nada hace pensar que la historia vaya a cambiar con Hillary Clinton.

Es más, debido al hecho de que los demócratas recuperaran entre 10 y 20 escaños, reduciendo así la mayoría republicana en el Congreso, el Presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, se va a ver en una posición muy comprometida, porque en su flanco derecho hay un grupo de 40 congresistas de derecha muy extrema que llevan meses amenazando con hacerle caer cuando llegue el momento de su reelección. 

Esos mismos congresistas llevan también amenazando con iniciar un procedimiento de destitución de Hillary Clinton en cuanto sea elegida Presidenta, así que realmente los próximos cuatro años se presentan ciertamente mugrientos desde el minuto uno.

En resumen, el escenario más probable en las tres elecciones a Presidente, Senado y Cámara de Representantes a día de hoy es el siguiente:

- Clinton elegida presidente con una mayoría muy escasa, igual o incluso inferior a la de Obama en 2012.
- El Senado nuevamente con mayoría demócrata, pero también muy escasa (52-48 como máximo).
- La Cámara de Representantes con mayoría republicana, sólo ligeramente inferior a la de hace dos años (230-205 a favor de los republicanos, más o menos).

O dicho de otro modo: el mismo escenario de bloqueo institucional que vivimos entre 2010 y 2014. Eso supone, en síntesis, que sólo se podrán aprobar nombramientos departamentales y a la judicatura federal, incluyendo al Tribunal Supremo. Esto último, de todos modos, es tan importante, que le dedicaremos una entrada separada.

martes, 1 de noviembre de 2016

Las otras elecciones: la batalla por el Senado

El Presidente de Estados Unidos no es un monarca absoluto. Sus poderes, particularmente en materias de política interior, están limitados, al igual que en todas las democracias, por el Legislativo, que concretamente en Estados Unidos se compone en primer lugar por lo que ellos llaman la "House of Representatives" (técnicamente, la "Cámara de Representantes", aunque nosotros solemos traducirlo como "Congreso") y luego el Senado. Cada Estado federal, por su parte, tiene también su Congreso y su Senado (excepto Nebraska, que es unicameral).

El Senado de Estados Unidos se compone de 100 miembros (dos por cada Estado, independientemente de la población de los mismos, lo que hace que California, con sus más de 39 millones de habitantes, y Wyoming, con poco más de 575.000, tengan el mismo peso en el Senado).

En estos momentos la composición del Senado es la siguiente:

- 54 republicanos.
- 44 demócratas.
- 2 independientes (Bernie Sanders, senador socialista de Vermont) que forma parte del caucus (grupo parlamentario) demócrata (hasta el punto de que pudo disputarle la candidatura demócrata a Hillary Clinton en las primarias del Partido) y Angus King, senador de Maine, que ya fue gobernador independiente del Estado entre 1995 y 2003 y como Senador elegido en 2012 ha formado parte del caucus demócrata, votando en torno al 90% con los demócratas.

Cada Senador ejerce su mandato durante seis años, y puede ser reelegido cuantas veces quiera. Ahora bien, no todos los Senadores son reelegidos en una misma elección. El Senado se renueva por tercios cada dos años, y en esta ocasión se renuevan 34 escaños.

Os adjunto un mapa que muestra qué escaños y en qué Estados se renuevan este año:

2016 Senate election map.svg

Veréis que en el mapa hay cinco colores distintos:

- En los Estados en gris no hay elecciones al Senado.

- En los Estados en rojo hay un Senador republicano que se presenta a la reelección.

- En los Estados en azul hay un Senador demócrata que se presenta a la reelección.

- En los Estados en rosa el Senador republicano que ocupaba hasta ahora el asiento se ha retirado o ha sido derrotado en las primarias, creando lo que se llama un "open seat".

- En los Estados en azul claro el Senador demócrata que ocupaba hasta ahora el asiento se ha retirado.

No hay más que ver el mapa para comprobar que el mismo presenta un escenario muy complicado para los republicanos, que tienen que defender 24 de los escaños que se renuevan este año, mientras que los demócratas sólo tienen que defender 10.

Por si ello fuera poco, los republicanos tienen que defender no menos de siete escaños en Estados ganados por Obama en 2012, más otros dos en Carolina del Norte e Indiana, Estados ganados por Obama en 2008, mientras que todos los escaños defendidos por demócratas están en Estados ganados por Obama en 2008 y 2012.

Esto es fruto esencialmente de las primeras elecciones de medio mandato de Obama, en 2010, que fueron bastante bien para los republicanos (ganaron seis escaños), pero les dejaron, lógicamente por otra parte, expuestos ante los comicios de este año:

El panorama a día de hoy es bastante competitivo, aunque parece que los demócratas tienen más posibilidades de recuperar el Senado, como se puede ver en el siguiente mapa:

Generated Map

1) Los Estados en azul oscuro son aquellos en los que el Partido Republicano mantendrá el escaño, bien porque el Senador republicano será reelegido, bien porque será sustituido por un colega de su mismo partido. Esto tiene especial mérito en casos como el de Chuck Grassley, Rob Portman y Marco Rubio, senadores de Iowa, Ohio, y Florida, respectivamente, Estados que ganó Obama y que van a ser reelegidos con comodidad (aunque no es casualidad que sean los dos primeros sean los Estados en los que hay mayores posibilidades de que Trump gane de entre los Estados tradicionalmente demócratas).

2) Los Estados en rojo oscuro son aquellos en los que el Partido Demócrata mantendrá el escaño, por los mismos motivos que en el caso anterior.

3) Los Estados en fucsia son aquellos en los que hasta ahora había un Senador republicano, y las encuestas indican, con un grado muy elevado de certidumbre, que será sustituido por un Senador demócrata: en primer lugar, Illinois, donde Mark Kirk, el Senador republicano, siempre iba a tener problemas para mantener su escaño en un Estado que votó a Obama con casi el 58% de los votos hace cuatro años, pero cuyos problemas se han visto agravados por su evidente declive físico e intelectual (tuvo un accidente cardiovascular en enero de 2012 cuyas secuelas son más que visibles todavía a día de hoy) y por su rival, la congresista Tammy Duckworth, de ascendencia mixta americano-tailandesa, veterana de guerra que perdió las dos piernas en la guerra de Irak. 

En segundo lugar, Wisconsin, donde Russ Feingold, que ya fue Senador por el Estado entre 1992 y 2010, y que fue arrollado en la ola republicana de ese último año (entre otras cosas por no aceptar dinero de fondos externos al candidato) busca ahora el desquite frente a su verdugo por aquel entonces, Ron Johnson, un millonario excesivamente conservador para el Estado que no ha querido o no ha sabido adoptar posiciones moderadas en los últimos seis años y que ahora pagará ese error estratégico con la derrota.

3) Eso nos deja seis escaños en los que las encuestas están lo suficientemente cercanas para que a día de hoy no sepamos con plena certeza quien ganará (y quien controlará el Senado). Si todos los escaños fueran ganados por los republicanos, estos tendrían una mayoría de 53 escaños. Si los demócratas consiguieran ganar los 6, pasarían a dominar el Senado por 53 escaños.

De estos 6 escaños, 5 están en manos republicanas y 1 en manos demócratas. Empezando por los escaños republicanos, y de mayor a menores posibilidades de éxito para los demócratas:

- Pennsylvania: se trata de un Estado que no vota republicano en las presidenciales desde 1992, cosa que ya de antemano le pone las cosas difíciles a cualquier candidato republicano. El Senador conservador, Pat Toomey, ha intentado separarse algo de su Partido en materia de legislación de control de armas, pero no parece que le vaya a bastar frente a su rival, Katie McGinty, exjefa de Gabinete del gobernador demócrata. Las encuestas muestran un pequeño pero persistente sesgo a favor de ésta, y todo parece indicar que Toomey perderá su escaño.

- New Hampshire: Kelly Ayotte, la Senadora republicana, ha cultivado una imagen moderada e independiente en un Estado que suele apreciar políticos de ese perfil, pero su rival es nada menos que la Gobernadora del Estado, Maggie Hassan. Las encuestas indican una pelea muy reñida hasta el final, pero el hecho de que Trump vaya a perder el Estado con bastante claridad probablemente acabe arrastrando a Ayotte a la derrota.

- Carolina del Norte: Richard Burr consiguió en 2010 ser reelegido, quebrando una racha de senadores de un solo mandato que venía arrastrándose desde 1974. Pero Burr es un Senador poco conocido y no especialmente apreciado. La única ventaja con la que cuenta es que su rival, Deborah Ross es una Senadora estatal todavía más desconocida que él. Sin embargo, y una vez más, el hecho de que Hillary Clinton vaya a ganar el Estado probablemente constituya un albatros excesivamente grande sobre la cabeza de Burr, otro de los Senadores a los que Trump arrastrará a la derrota. Por otra parte, bromitas como ésta ciertamente no le ayudarán ante los votantes moderados.

- Indiana: éste es un caso muy particular: en 2010, el Senador demócrata, Evan Bayh, se retiró afirmando que estaba asqueado de Washington. El exSenador republicano al que Bayh había sustituido en 1998, Dan Coats, se presentó entonces a las elecciones, y ganó con comodidad aprovechando la ola a favor de los republicanos. Coats, sin embargo, se ha vuelto a aburrir del Senado y se ha retirado. Bayh parece haber olvidado su asco y se ha presentado a la reelección por su antiguo escaño (entre otras cosas, porque en 2010 creía que iba a perder y en 2016 cree que va a ganar). Su rival, Todd Young, es un congresista republicano conservador, pero eso no es necesariamente malo en Indiana, un Estado muy conservador que sólo ha votado demócrata una vez desde 1964 (en 2008, a Obama). La campaña ha sido un via crucis para Bayh, cuyos contactos con lobbystas han sido aireados una y otra vez. Bayh, que además de Senador ha sido gobernador del Estado (y cuyo padre ya fue Senador de Indiana en los sesenta y setenta) probablemente ganará gracias a que su apellido tiene mucho peso en el Estado, pero no se puede descartar que finalmente pierda (en las últimas encuestas está perdiendo terreno, y aquí además Hillary Clinton no le va a ser de ninguna ayuda).

- Missouri: si los demócratas ganan aquí, será una rara demostración de que la calidad de los candidatos todavía importa: Roy Blunt, el Senador republicano, afrontaba un ciclo electoral relativamente cómodo, y aunque Trump no le ayuda, tampoco le resta votos en Missouri, un Estado que se ha ido moviendo a la derecha de manera bastante clara en las últimas décadas. Pero los demócratas han encontrado un candidato excelente, Jason Kander, militar (otra vez) que ha protagonizado el que ha sido unánimemente reconocido como el mejor spot electoral de toda la campaña (hay que verlo y entender el contexto: Missouri, un Estado claramente pro-armas). Pese a todo, lo más probable es que Kander sea derrotado, dado el sesgo republicano del Estado, pero no es nada seguro, y podría dar la gran sorpresa de la noche.

En cuanto a los escaños demócratas, sólo hay uno en disputa:

- Nevada: un Estado que ha girado claramente hacia los demócratas desde 2004, hasta ahora el escaño estaba ocupado nada menos que por el líder demócrata, Harry Reid, un hueso extremadamente duro de roer experto en ganar elecciones perdidas (lo hizo en 1998 y 2010). Reid sufrió un gravísimo accidente a principios de 2015 (perdió la visión en un ojo) que probablemente le convenció de manera definitiva para retirarse, una idea que llevaba rondándole la cabeza algunos años. Ungió como candidata a Catherine Cortez Masto, ex fiscal general de Nevada, e hispana, el grupo que más está creciendo en el Estado. Los republicanos, por su parte, eligieron a Joe Heck, un buen congresista que en otro año hubiera ganado con comodidad y al que las encuestas dan todavía como muy competitivo. Sin embargo, las encuestas en Nevada suelen errar a favor de los republicanos, por lo que lo más probable es que Cortez Masto gane, aupada por el voto latino y superando al voto blanco pobre, que en Nevada también es muy importante.

En resumen: con las encuestas en la mano, lo lógico es que los demócratas mantengan Nevada y los republicanos pierdan Illinois, Wisconsin y Pennsylvania. New Hampshire, Carolina del Norte e Indiana probablemente acaben también cayendo del lado demócrata, por los motivos anteriormente expuestos.

Eso acabaría generando un Senado en manos de los demócratas, por 52 a 48, lo que permitirá a la más que probable Presidenta Hillary Clinton efectuar los nombramientos gubernamentales y judiciales necesarios para mantener el Gobierno en funcionamiento (incluyendo, en particular, el Tribunal Supremo, que a día de hoy llevaba 230 días con una vacante sin cubrir, el periodo más largo de la historia, aunque el drama del Supremo es tal que merecerá una entrada separada).

El mapa del Senado acabará teniendo seguramente este aspecto (en fucsia, los Estados que los demócratas les ganarán a los republicanos):

Generated Map

miércoles, 19 de octubre de 2016

Movimientos tectónicos en el mapa electoral norteamericano

Uno de los fenómenos más interesantes en el sistema político presidencial norteamericano es la relativa estabilidad geográfica del mismo en las cuatro elecciones celebradas desde 2000 (en rojo, los Estados ganados por los demócratas, en azul los Estados ganados por los republicanos).

2000

2000 National Map of General Election Results for President

2004

2004 National Map of General Election Results for President

2008

2008 National Map of General Election Results for President


2012

2012 National Map of General Election Results for President

O dicho de otro modo: el número de Estados que han cambiado de manos en el periodo 2000-2012 es muy reducido: 10 de 50 (más un voto electoral en Nebraska).

Generated Map

Con las encuestas en la mano, el mapa de 2016, superficialmente, no revela muchos cambios respecto a cuatro años atrás. Si adoptamos la predicción de FiveThirtyEight a día de hoy, veremos que frente a Obama en 2012, Hillary, pese a obtener un porcentaje de voto inferior, ganaría dos Estados, Carolina del Norte (que Obama ya ganó en 2008, pero no en 2012) y Arizona (que no vota demócrata desde 1996):

Generated Map

Lo que resulta absolutamente fascinante es el cambio en el voto dentro de los mismos Estados. Resumiendo de la manera más burda posible: Hillary, en estos momentos, está más o menos 1,2 puntos por debajo de los resultados de Obama, principalmente porque los terceros partidos están obteniendo porcentajes de votos en las encuestas muy superiores a los que lograron hace cuatro años. Pero esa pérdida no está distribuida homogéneamente en los 50 Estados, sino de la siguiente manera:

- En la inmensa mayoría de los Estados tradicionalmente demócratas, Hillary está obteniendo resultados peores (en algunos casos, como Hawaii o Vermont, significativamente peores) que Obama hace cuatro años. Pero como Obama ganó la mayoría de esos Estados con mucho margen, eso no resulta problemático para Hillary.

- En los Estados competitivos norteños, Hillary está obteniendo resultados peores que Obama hace cuatro años. Eso ha puesto en riesgo, en particular, Iowa, Ohio, Nevada y uno de los distritos electorales de Maine.

En cambio, en los Estados competitivos sureños, Hillary está obteniendo resultados similares o mejores que Obama, lo que por ejemplo, la ha hecho favorita para ganar en Carolina del Norte.

- Y lo que resulta más chocante todavía, en la mayoría de los Estados tradicionalmente republicanos, Hillary está obteniendo resultados mejores que Obama hace cuatro años (eso la hace favorita para ganar en Arizona, por ejemplo).

Véase todo lo anterior en el siguiente cuadro resumen (en amarillo, los resultados de Clinton que son peores que su media nacional):

State
Obama 2012
Hillary 2016
90,91
77,3
-13,61
70,55
63,5
-7,05
66,57
60,6
-5,97
63,35
57,9
-5,45
62,7
57,4
-5,3
61,97
61,2
-0,77
60,67
58,1
-2,57
60,16
59,2
-0,96
58,61
54,7
-3,91
58,25
54,3
-3,95
58,06
55,2
-2,86
57,5
55,4
-2,1
56,27
50,7
-5,57
55,8
52,6
-3,2
54,24
52,3
-1,94
54,04
50,4
-3,64
52,99
47,8
-5,19
52,83
50,4
-2,43
52,65
50,3
-2,35
52,36
48,2
-4,16
51,99
46,6
-5,39
51,98
49,6
-2,38
51,95
50,6
-1,35
51,45
49
-2,45
51,16
50,9
-0,26
50,58
47,3
-3,28
49,9
49,3
-0,6
48,35
48,7
0,35
45,39
45,7
0,31
44,45
46,2
1,75
44,28
44,3
0,02
44,09
44,1
0,01
43,84
42,6
-1,24
43,79
41,6
-2,19
41,66
39,3
-2,36
41,35
43,7
2,35
Alaska
40,81
41,9
1,09
40,58
40,7
0,12
39,87
40,4
0,53
39,04
40,7
1,66
38,69
37,3
-1,39
38,36
36,9
-1,46
38,03
37,7
-0,33
38
42,1
4,1
37,78
40,9
3,12
36,88
39,1
2,22
35,45
35,9
0,45
33,23
37,8
4,57
32,4
36,7
4,3
27,82
29,3
1,48
24,67
28,9
4,23
Total
51,01
49,8
-1,21


En el lado republicano, Trump está más o menos 4,3 puntos por debajo de los resultados de Romney hace cuatro años, una vez más por la presión del Partido Libertario, que está absorbiendo mucho voto de republicanos asqueados por Trump. Pero una vez más, esa pérdida no está distribuida homogéneamente en los 50 Estados, sino de la siguiente manera:

- En la inmensa mayoría de los Estados tradicionalmente republicanos, Trump está obteniendo resultados peores (en algunos casos, como Utah o Idaho, llamativamente peores) que Romney hace cuatro años. Pero como Romney ganó la mayoría de esos Estados con mucho margen, eso no resulta problemático para Trump, salvo la excepción ya expuesta de Arizona.

- En los Estados competitivos sureños, Trump está obteniendo peores que Romney, lo que, como hemos dicho, le deja totalmente alejado de la victoria en Virginia y pone en riesgo su triunfo en Carolina del Norte.

En algunos Estados competitivos norteños, en cambio, Trump, aunque está perdiendo votos, está perdiéndolos a un nivel menor que Hillary, lo que le mantiene relativamente competitivo, como hemos señalado, en Iowa, Ohio, Nevada y uno de los distritos electorales de Maine.

- Y lo que resulta más chocante todavía, en algunos de los Estados tradicionalmente demócratas, Trump está mejorando los resultados de Romney hace cuatro años (por ejemplo, en su Nueva York natal).

Véase todo lo anterior en el siguiente cuadro resumen (en amarillo, los resultados de Trump que son peores que su media nacional):

State
Romney 2012
Trump 2016
72,55
37,5
-35,05
68,64
59,2
-9,44
66,77
55,8
-10,97
64,09
52,5
-11,59
62,14
56,9
-5,24
60,57
54
-6,57
60,55
56,8
-3,75
60,47
52,1
-8,37
59,8
53,1
-6,7
59,59
48,9
-10,69
59,42
52,3
-7,12
58,32
52,5
-5,82
57,89
49,8
-8,09
57,78
52,6
-5,18
57,13
49,5
-7,63
55,3
48,4
-6,9
55,29
53,4
-1,89
Alaska
54,8
45,9
-8,9
54,56
50,1
-4,46
54,04
48,7
-5,34
53,64
48,3
-5,34
53,48
45,4
-8,08
53,19
48,2
-4,99
50,39
45,3
-5,09
49,03
45,1
-3,93
47,6
45,2
-2,4
47,28
40,9
-6,38
46,57
42,8
-3,77
46,4
41
-5,4
46,18
45,2
-0,98
46,09
41
-5,09
45,89
42,2
-3,69
45,68
43,9
-1,78
44,96
42,6
-2,36
44,58
41,3
-3,28
42,84
36,3
-6,54
42,15
40
-2,15
41,03
38,1
-2,93
40,98
39,5
-1,48
40,72
37,5
-3,22
40,66
38,2
-2,46
40,5
39,9
-0,6
39,98
37,9
-2,08
37,52
33,3
-4,22
37,07
33,9
-3,17
35,9
32,2
-3,7
35,24
35,5
0,26
35,17
35,5
0,33
30,97
30,4
-0,57
27,84
29,5
1,66
7,28
14,7
7,42
Total
47,15
42,8
-4,35

Para acabar, podemos elaborar un mapa sorprendente con los datos de que disponemos:

- En azul, los Estados en los que Trump está perdiendo menos porcentaje de votos que su media nacional (en algunos casos, como hemos visto, incluso mejorando resultados respecto de hace cuatro años) mientras que Hillary está perdiéndolos por encima de su media nacional (como se puede ver, casi todo el Norte demócrata, excepto Alabama y Mississippi, donde el racismo sigue siendo la variable esencial).

- En rojo, los Estados en los que Clinton está perdiendo menos porcentaje de votos que su media nacional (en algunos casos, como hemos visto, incluso mejorando resultados respecto de hace cuatro años) mientras que Trump está perdiéndolos por encima de su media nacional. Como se puede ver, se trata en su inmensa mayoría de Estados republicanos sureños y del Oeste.

- En verde, los Estados en los que tanto Trump y Clinton están perdiendo votos por encima de su media nacional, lo que denota que se trata de Estados en los que los terceros partidos parece que obtendrán sus mejores resultados (el caso de Nuevo Mexico es lógico, porque Gary Johnson, el candidato libertario, fue gobernador del Estado durante ocho años). Montana y Colorado también tienen cierta tradición de simpatía por terceros partidos.

- En gris, unos pocos Estados en los que tanto Trump y Clinton están perdiendo votos por debajo de su media nacional, lo que denota que los terceros partidos no obtendrán muy buenos resultados.

El mapa resultante es prácticamente el inverso del que reflejarán los resultados electorales: Trump está perdiendo menos votos (e incluso ganándolos) en las áreas tradicionalmente demócratas, y Hillary está haciendo lo mismo en las áreas tradicionalmente republicanas. El mundo al revés.

Generated Map

¿Por qué se está produciendo este fenómeno? Como esta entrada ya es muy larga, diremos, al igual que en la "Cena Jocosa" de Baltasar de Alcázar, "quédese para mañana".