lunes, 26 de septiembre de 2016

La hora del pánico: ante el primer debate Clinton - Trump

Desde que escribimos por última vez sobre las elecciones norteamericanas, hará mes y medio, la evolución de las encuestas ha sido cada vez más y más preocupante. A día de hoy, la media de las mismas en varias páginas web es la siguiente:

- En RealClearPolitics, encontramos que Hillary Clinton lidera la media de las encuestas por apenas dos puntos.

- En Pollster.com, la ventaja de Hillary Clinton es ligeramente superior, cuatro puntos, pero si escogemos la opción de "mayor sensibilidad", que recoge las encuestas más recientes, veremos que la ventaja de Hillary se reduce a apenas 1,6 puntos.

- Por último, FiveThirtyEight, la web de pronósticos electorales de Nate Silver, le otorga a Clinton apenas una ventaja de 1,1 puntos.

Estos resultados se trasladarían al colegio electoral del siguiente modo: Hillary ganaría con un margen de 272 a 266 votos electorales, lo que supondría perder, en comparación con los resultados de Obama en 2012, los Estados de Nevada, Iowa, Ohio, Florida, y un voto electoral en Maine:

Generated Map

Un resultado semejante dejaría a Hillary prácticamente sin margen de error: bastaría con ceder algo más en las encuestas y perder Colorado para que Donald Trump ganase las elecciones.

Ese escenario resultaría catastrófico para Estados Unidos y para el mundo. Es llamativo que el público norteamericano no haya reaccionado ante la posibilidad de elegir a un hombre evidentemente incapacitado para gobernar la mayor potencia nuclear.

Los datos son, sin embargo, tozudos: Hillary Clinton no ha sido capaz de recrear hasta el momento la coalición creada por Obama en 2008 y 2012. En particular, está padeciendo notables fugas de votos en una triple dirección:

1) Los votantes jóvenes, más idealistas, que se están dirigiendo hacia terceros partidos como los libertarios de Gary Johnson o los verdes de Jill Stein.

2) Los votantes negros, que no se están movilizando del mismo modo que lo hicieron por Obama en las dos elecciones anteriores.

3) El voto blanco de clase trabajadora, que aunque llevaba ya varios ciclos electorales apoyando de manera cada vez más clara a los republicanos, ahora ha dado un giro radical, hasta el punto de que en una de las últimas encuestas se indicaba que Trump superaba a Clinton en este subgrupo electoral por ¡59 puntos!

Obsérvese como el voto blanco de clase trabajadora, que suponía el 59% del voto demócrata en 1992, sólo supondrá, con suerte, el 32% en este ciclo electoral, según este gráfico cortesía de Pew:



Trump, evidentemente, tiene sus propios problemas: el abandono de los votantes blancos de clase alta y con estudios, que históricamente había sido un grupo prorrepublicano y que ahora por primera vez desde no se sabe cuándo puede que voten en su mayoría a Hillary Clinton (en ese sentido, el rumor de que el expresidente Bush padre está pensando en votar por Hillary resulta, si es cierto, característica).

En esta situación llegamos al primer debate presidencial, esta noche, en Nueva York. Aunque en líneas generales la importancia de los debates ha sido exagerada históricamente por los periodistas, en este caso, habida cuenta de lo reducido de la distancia entre los dos contendientes, el elevado número de indecisos y partidarios de terceros partidos, y la elevada impopularidad de los dos aspirantes, cualquier pequeño movimiento en las encuestas puede modificar la dirección de la carrera hacia la Casa Blanca.

El juego de las expectativas perjudica, como siempre, a Hillary Clinton, que sin duda acudirá bien preparada al debate, mientras que la prensa parece estar dispuesta a dar por ganador a Donald Trump por el mero hecho de que aguante 90 minutos sin insultar a la candidata demócrata o al moderador.

Veremos qué ocurre, pero desde luego la situación es extremadamente preocupante: Estados Unidos está a dos puntos de elegir por primera vez a un hombre capaz de subvertir el funcionamiento de la democracia americana.

sábado, 6 de agosto de 2016

Clinton contra Trump: el estado de la cuestión a día de hoy

Tras la celebración de las Convenciones Republicana y Demócrata, respectivamente, las perspectivas para Hillary Clinton y Donald Trump son las siguientes, según, por ejemplo, la media de las encuestas que recoge Pollster.com para el Huffington Post:

1) En primer lugar, cualquier efecto positivo que pudiera haber tenido la Convención Republicana parece haberse disipado por completo para Donald Trump, que en estos momentos parece tener un apoyo que ronda el 40% (recordemos que Mitt Romney, hace cuatro años, obtuvo el 47% de los votos, e incluso John McCain obtuvo un 45,5%).

¿Qué es lo que está llevando a Donald Trump a una expectativa de voto tan baja? Fundamentalmente tres factores:

- El propio comportamiento del candidato, que de manera rutinaria provoca controversias que dinamitan su posición ante los electores indecisos. Quizá la más llamativa de las últimas semanas ha sido la pelea que ha mantenido a través de los medios con la familia de Humayun Khan, un soldado musulmán americano fallecido en Irak cuyos padres aparecieron en la Convención Demócrata y atacaron a Trump por sus planes de impedir la entrada a cualquier musulmán en Estados Unidos. Semejante medida, además de manifiestamente racista, es descaradamente inconstitucional (la Primera Enmienda de la Constitución es manifiestamente clara en ese sentido, y el padre de Humayun, de hecho, blandió una Constitución durante su discurso). Por otra parte, no hay mejor manera de enfrentarse a la opinión pública norteamericana que ofender a la familia de un soldado muerto en acto de servicio.

- Ligado íntimamente a lo anterior, el hecho de que diversos miembros del Partido Republicano están manifestando abiertamente su negativa a votar por Donald Trump e incluso su disposición a votar por Hillary Clinton. Richard Hanna, congresista por Nueva York, ha manifestado que votará por Hillary Clinton (aunque se retira este año, por lo que no tiene nada que temer de sus electores). Adam Kinziger, congresista por Illinois, ha manifestado que no votará por ninguno de los dos. Meg Whitman, que fue la candidata republicana al Senado por California en 2010, ha manifestado que no sólo votará a Hillary, sino que hará campaña por ella.

Por su parte, Trump ha manifestado claramente que no apoya a algunos de los candidatos republicanos a la reelección este año: John McCain, que fue el candidato a la presidencia en 2008 y que se enfrenta a una primaria potencialmente competitiva este 30 de agosto, no ha conseguido que Trump le apoye (de hecho, ya tuvieron un rifirafe monumental al principio de estas presidenciales cuando Trump dijo que McCain no era un héroe por haberse dejado capturar por los norvietnamitas en los años 70).

- La combinación de estos dos factores es muy importante en un sentido concreto, que invoca Jonathan Bernstein en este excelente artículo suyo de hoy mismo: aunque la mayoría de los votantes republicanos votarán acríticamente a su candidato en noviembre, los republicanos más moderados o menos partidistas han de ser persuadidos, y el mecanismo de persuasión más efectivo es el posicionamiento favorable de su senador y/o congresista. Ausente dicho apoyo a Trump, un votante republicano dudoso se cuestionará su voto al magnate inmobiliario (¿por qué tengo que apoyar a Trump si mi gobernador/senador/congresista/figura pública que respeto republicana no le apoya?). Aquí se encuentra el fundamento para una auténtica hemorragia de votos para Donald Trump.

2) Por su parte, Hillary Clinton está ahora en la cúspide del efecto favorable de la Convención Demócrata. Veremos si en los próximos días ese efecto se disipa o, ayudada por los errores no forzados de Donald Trump, se mantiene. Por una parte, el 47% que aproximadamente le dan las encuestas está lejos del 51% que obtuvo Obama hace cuatro años, pero no es menos cierto que el propio Obama, tal día como hoy hace cuatro años, estaba por debajo de esa marca (y Romney estaba cuatro puntos por encima). Clinton aspira a producir en los próximos tres meses un efecto de consolidación similar al que logró Obama en 2012. Para ello tiene una ventaja y un lastre: la ventaja es el hecho de que Obama es, a día de hoy, un presidente razonablemente popular:
La desventaja es que ella misma es más bien impopular:
Aunque eso no es nada comparado con la impopularidad de Donald Trump:
En cualquier caso, el objetivo de Hillary Clinton en las próximas semanas es consolidar la ventaja que mantiene respecto de Donald Trump, ir captando a los demócratas que apoyan a Obama pero todavía no están persuadidos de apoyarla a ella, a los seguidores más recalcitrantes de Bernie Sanders, que la consideran demasiado centrista, y continuar con la campaña silenciosa que está manteniendo para captar a votantes republicanos moderados aterrorizados por la xenofobia e incompetencia general de Donald Trump. Como se puede ver, el segundo y el tercer objetivo son difícilmente compatibles, así que habrá que ver como consigue Hillary Clinton captar al centro y a la izquierda a la vez.

lunes, 1 de agosto de 2016

In praise of Hillary Clinton

Hillary Rodham Clinton is now the first female candidate in the history of the United States. This is objectively a bigger milestone than the nomination eight years ago of Barack Obama, who might have been black, but was also a man, and thus belonging to the same gender that has held the Presidency since 1789.

How come then, that it is difficult to perceive the same kind of enthusiasm that the U.S. (and even the world) held eight years ago when Obama was nominated?

It is true, of course, that Hillary Clinton is a known commodity. She has been in the national radar since the summer of 1992, nearly a quarter-century ago.

She was an unusual First Lady, in the sense that she did try hard (although ultimately unsucccessfully) to break the floral-arrangements mold of that role (even Michelle Obama, who is a superqualified professional, has had to center on issues like child obesity and healthy eating, worthy, no doubt, but not exactly challenging for a woman of her intelligence and poise).

She endured a cad of a husband (good President, but seriously underwhelming as a life partner) with grace and dignity, which has somehow been transformed by her enemies into heartless ambition to reach the Presidency, as if she endured her husband's infidelities because of the sole goal of becoming President decades later. It is almost as if her critics cannot conceive of a love that is able to transcend one's partners infidelities (it happens every day in real life).

She has been a non-decorative First Lady of Arkansas for twelve years, a non-decorative First Lady of the United States for eight years, a Senator representing New York for eight years, Secretary of State for another four years. She is obviously qualified for the job.

As a politician, she has, of course, weaknesses: she voted for the Iraq war in 2003, which in hindsight looks like an obvious mistake (but one in which half of her fellow Democratic Senators concurred, and one in which she was thoroughly misled by the Bush administration). The e-mail business as Secretary of State shows, in my opinion, the limitations of a 62-year-old person in 2009 regarding technological issues rather than some cavalier attitude towards national security.

It is true that she seems to belong to the old school of showing American strength through military force rather than through diplomatic means, and it is absolutely true that she is an uninspiring public speaker, plodding and fake-sounding, specially after eight years of probably one of the great public presidential orators in Barack Obama.

However, the fact of the matter is that everyone who has actually worked with her in the last forty years says she is dedicated, hard-working, exceptionally well-prepared, level-headed, and with a good sense of humour. And let's be sincere: speechifying is a good asset for a President, but hardly the main core of the job, which is being the top administrator of the United States, a task that is mostly boring and involves hard work (in other ways, a task that suits Hillary Clinton wonderfully).

She probably will be an average-to-good President, somewhere between George H.W.Bush and her own husband (full disclosure: I think she will be a bit worse than Obama, who has all her good qualities, plus being a good communicator).

How come then she is not running thirty points ahead of Donald Trump, a man who has no experience whatsoever, is a racist demagogue who routinely insults Muslims, Latinos and minorities in general, who shows his breathtaking ignorance and lack of temperament to be trusted with the nuclear codes on a daily basis?

We are hearing lots of explanations about it: the fact that Donald Trump speaks to a set of voters (white working class with "racial resentment" issues) who feel their wages are stagnant in the last half century (they are, and that is their strongest point) and that they have been disenfranchised (specially since the election of a black president... hmmmm), the fact that hardening polarization means that there are not many voters in the middle, etc.

But let's just talk about the big elephant in the room, which is sheer, unadulterated ol' boy sexism: a substantial part of the American commentariat and of the American public seems to have issues with having a female Commander-in-Chief.

This, of course, will not be a surprise to any professional woman who has had to juggle the problems which being a mother, a wife and a worker involve. The fact of the matter is and remains that professional women are subject to much stricter scrutiny than professional men: they have to work harder and they receive less accolades from their colleagues and less money from their bosses.

Things get even worse when they try to balance their professional lives with their marriages. And they get even worser (I know I am inventing a word here) when they aim to become more successful than their partners (particularly, when they earn more money than them or try to get a more important position).

The fact of the matter is that Hillary Clinton is resented by a substantial amount of men (and women!!!) because of her trying to achieve something that up until now had only been reserved for men. A substantial amount of Trump voters are people who just think, deep in their hearts, that a woman is being too "uppity" by trying to become President (the very same people, by the way, that thought eight years ago that a black guy was being too "uppity" by trying to become President).

We keep hearing that Trump voters have legitimate concerns (I actually think they do, on a strict economic basis). But they have chosen a mightily wrong vessel to channel them. It would be one thing if the Republican Party had a qualified white man as their nominee against Hillary Clinton (the Marco Rubio and Ted Cruz debacle shows that even a very conservative Latino was too much to ask for). But having chosen Trump, the high and even the low moral ground has been ceded. Mitt Romney was mocked four years ago for looking "like the guy that fired you from your job". Donald Trump became well-known for a TV show whose catchphrase was "You're fired!"

Hillary Clinton, because of her accomplishments in nearly forty years of public life, would be a strong candidate for the Presidency in any case. That she is a woman who has juggled her profession, her marriage and her motherhood quite successfully in the last fourty years, if anything, should be a plus, not a detriment. And her thrice-married sexist opponent, who changes wives when they begin to age, grades women on a regular basis for their looks ("she is not a 10" he will say) is literally the polar opposite of her. With all her defects, she embodies an America worth aiming to: a more equal America. Trump does not want to make America great again; he wants America to go backwards.

miércoles, 20 de julio de 2016

Trump, candidato ¿Cómo hemos llegado a esto?

Ayer, el Partido Republicano designó oficialmente a Donald Trump candidato a la Presidencia de Estados Unidos en la Convención Nacional que se celebra en Cleveland.

Es sin lugar a dudas la decisión más sorprendente de uno de los dos grandes Partidos desde quizá la nominación republicana en 1940 de Wendell Wilkie, un abogado que no había ejercido cargos políticos previamente.

Podemos debatir (y de hecho lo hemos hecho ya en alguna ocasión en este blog) los motivos inmediatos de la nominación de Trump:

- La división republicana entre 17 candidatos, que permitió a Trump derrotar a una oposición dividida hasta que fue demasiado tarde.

- La permanente publicidad que los medios le han otorgado a Trump, un hombre que garantiza buenas audiencias televisivas. Ya en marzo de 2016 se calculaba que Trump había recibido aproximadamente el equivalente a 2.000 millones de dólares en publicidad a través de las noticias, segmentos de opinión, etc. en los medios de comunicación, mientras que sólo había gastado 10 millones de su propio dinero, muchísimo menos que sus rivales.

- El fracaso de Marco Rubio como candidato del establishment, ejemplificado por su penosa actuación en el debate previo a New Hampshire, que le impidió liquidar a Jeb Bush y a John Kasich, que se hubieran visto forzados a renunciar ya entonces de no haber superado a Rubio, y que en cambio se arrastraron durante semanas (Bush) y meses (Kasich).

- Ligado íntimamente con lo anterior, la decisión estratégica de Jeb Bush de bombardear con más de 100 millones de dólares de publicidad negativa a su discípulo Marco Rubio. Esa decisión acabó con Rubio, pero no fue capaz de impulsar a Bush, un candidato que honestamente parecía hacer campaña como una obligación familiar, pero sin desear realmente ser Presidente.

A esto hay que añadir que, en su fuero interno, los republicanos saben que las dos últimas Presidencias (Bush padre y Bush hijo) fueron un moderado fracaso y una catástrofe, respectivamente. Hay una clara fatiga respecto a los Bush en el partido.

- Por último, el odio cainita que el establishment sentía por el candidato evangélico, Ted Cruz, ejemplificado por la increíble frase de Lindsey Graham, senador de Carolina del Sur:

"If you killed Ted Cruz on the floor of the Senate, and the trial was in the Senate, nobody would convict you,"

O la no menos increíble descripción de Ted Cruz por John Boehner, exportavoz de la Cámara de Representantes: "Lucifer encarnado"

Cruz, que lleva cuatro años en el Senado, es visto por sus compañeros de partido como un demagogo que constantemente intenta obtener publicidad favorable hacia sí mismo, a costa de los objetivos fundamentales republicanos. Así, Cruz ha abogado por el cierre del funcionamiento del gobierno ("government shutdown") y lo que es todavía más grave, la elevación del techo de deuda de Estados Unidos (lo que llevaría a la suspensión de pagos del país), maniobras que siempre han acabado con los republicanos derrotados y escaldados.

El odio llega hasta tal punto que el establishment prefirió que Donald Trump ganara las primarias antes que apoyar a Ted Cruz como último candidato contra él (no es casualidad que John Kasich, el gobernador de Ohio y el candidato más moderado de entre los que quedaban al final de las primarias, se retirara únicamente al día siguiente de que lo hiciera Cruz).

***

Dicho esto, todavía más importantes son las causas profundas de la victoria de Trump, que, en síntesis, son las siguientes:

1) La diferencia cada vez más pronunciada entre las élites republicanas y sus votantes de clase media-alta y los votantes de clase media-baja republicanos.

Las élites y sus lobbies (Wall Street, el Club for Growth, la Cámara de Comercio de Estados Unidos, por citar sólo a algunos de los más conspicuos) tienen unas prioridades muy concretas: bajadas de impuestos a las empresas y a los más ricos, política migratoria flexible (regularización de la situación de los inmigrantes ilegales, por ejemplo), reducción de la intervención gubernamental en general, etc. En cambio, cuestiones sociales como el aborto o el matrimonio gay no son casus belli para este sector del Partido (se oponen, pero muy tibiamente, y eso cuando se oponen). Tampoco tienen posiciones especialmente beligerantes contra las minorías raciales (particularmente respecto de los latinos, a los que pretenden atraerse con la reforma migratoria).

En cambio, las bases republicanas, cuando se les pregunta en encuestas, están mucho más a favor de la intervención gubernamental, pero a favor de ellos mismos (y no de las minorías raciales). Están rotundamente en contra de cualquier reforma migratoria. Quieren subidas de impuestos a los ricos. Consideran que el crecimiento económico de los últimos años les ha dejado de lado y quieren que el Estado del bienestar les siga protegiendo (al menos a ellos, aunque no a esos).

2) El racismo: Trump ha obtenido sus mejores resultados (en Primarias competitivas) en los Estados en los que hay un mayor número de minorías raciales (en el Sur de Estados Unidos, en Nueva York o Maryland).

No escurramos el bulto en ese sentido: las dos variables clave para localizar a un votante de Trump eran: el nivel educativo (cuanto más bajo, mayores posibilidades de votar Trump) y el "resentimiento racial" (cuanto más rodeado de minorías raciales, más posibilidades de votar Trump). Los foros de apoyo a Trump en Internet son un cenagal de votantes antinegros, antilatinos y antisemitas (no se puede olvidar que el antisemita más famoso de Estados Unidos, David Duke, exGran Mago del Ku Klux Klan, apoya a Donald Trump).

3) En ese caldo de cultivo entra Donald Trump, con un mensaje rotundamente contrario a los inmigrantes (¡vamos a construir una muralla entre Estados Unidos y México!), a los musulmantes (¡vamos a prohibir su entrada en Estados Unidos!) y heterodoxo en lo económico (desde el punto de vista republicano): no quiere recortar la Seguridad Social, el Medicare o el Medicaid. Y racista: no olvidemos que uno de los grandes impulsores de la campaña para que Obama exhibiera su certificado de nacimiento fue Donald Trump.

Hay motivos históricos más profundos todavía que explican el por qué de la designación de Donald Trump como candidato republicano, incluyendo el Gran Cambio por el cual el Sur pasó de votar demócrata monolíticamente a republicano en su gran mayoría. Pero esta entrada es ya muy larga. Seguiremos con ello en los próximos días.

domingo, 26 de junio de 2016

Aplicando la media de las encuestas al mapa electoral

Aunque las encuestas fallaron notablemente en el último ciclo electoral, son el único instrumento de que disponemos para examinar las tendencias de voto. Si acudimos al promedio de encuestas elaborado por EL MUNDO (por ejemplo), veremos que la media de las encuestas indica los siguientes resultados teóricos para las eleccones de hoy 26 de junio:
  1. PP: 29,5% (28,72% en diciembre pasado, o dicho de otro modo, de cada 100 votos obtenidos en las últimas elecciones pasaría a obtener 102,72 -en un aumento puramente lineal provincia a provincia, que por supuesto no se dará).
  2. Unidos Podemos: 24,7% (24,4% en diciembre pasado, de una base 100 pasaría a una base de 101,23).
  3. PSOE: 21% (22% en diciembre pasado, de una base 100 pasaría a una base 95,45)
  4. Ciudadanos: 14,7% (13,9% en diciembre pasado, de una base 100 pasaría a una base 105,76).
Ahora veamos los cálculos anteriores aplicados provincia a provincia, recordando además que partimos no de los resultados de diciembre, sino de los resultados de diciembre asumiendo que todos los votantes de Podemos e IU entonces votarán a la nueva coalición resultante.

Recordemos las posiciones de partida una vez tomada en consideración la fusión Podemos-IU:

PP- 117 diputados
PSOE- 87 diputados
UNIDOS PODEMOS (UP)- 86 diputados
Ciudadanos (C's)- 35 diputados
PNV- 5 diputados

Los demás partidos, sin cambios.

¿Qué impacto tendrían en estas posiciones de partida los datos de la media de las encuestas -¡si éstas fueran correctas, que está por ver!-?

ANDALUCÍA: C's ganaría un diputado por Sevilla, a costa del PSOE.

MURCIA: Sin cambios.

COMUNIDAD VALENCIANA- El PP ganaría un escaño en Alicante, a costa del PSOE. Valencia gana un escaño en estas elecciones (lo pierde León) y teóricamente se lo lleva UP, aunque perfectamente podría acabar en manos de C's.

PAÍS VASCO- El País Vasco nos plantea un problema particular, porque además de los cuatro partidos nacionales, se presentan PNV y Bildu, que obtendrán escaños sin duda alguna. La media de las encuestas revela que el PNV va ligerísimamente a la baja (23,8% de media, frente a un 24,7% el año pasado- 96,36 de base), y Bildu lo mismo (14,74% frente al 15,1% de diciembre- 97,62% de base).

Aplicando a los seis partidos estos coeficientes de mejora o pérdida, el resultado se presenta sin cambios respecto del escenario diciembre de 2015 modificado con la fusión Podemos-IU.

NAVARRA- mismo problema que en el País Vasco, aquí la media de las encuestas revela que Bildu está ligeramente a la baja (de 9,9% en 2015 a 9,26% ahora- 93,60 de base) y Geroa Bai igual (8,7% en diciembre, 6,94% ahora- 79,77% de base). Por lo demás, sin cambios en el reparto.

EXTREMADURA- UP ganaría un diputado por Cáceres a costa del PSOE, y C's ganaría un diputado por Badajoz (por los pelos) también a costa del PSOE.

CASTILLA LA MANCHA- El PP ganaría un diputado por Toledo a costa del PSOE, una vez más por los pelos.

MADRID- Sin cambios.

CASTILLA Y LEÓN- Sin cambios, más allá de la pérdida del escaño de C's por León, por declive demográfico de la provincia.

ASTURIAS- Sin cambios.

ARAGÓN- Sin cambios.

BALEARES: Sin cambios.

CANARIAS: Canarias nos plantea la peculiaridad de la existencia de Coalición Canaria, partido regionalista hasta ahora con representación en el congreso. La media de las encuestas revela que CC va claramente a la baja (6,63% de media, frente a un 8,2% en diciembre del año pasado- 80,79 de base). Como consecuencia, C's recuperaría su diputado en Santa Cruz de Tenerife a costa de Coalición Canaria, que dejaría de estar representada en el Congreso.

CATALUÑA- En Cataluña nos hallamos ante la misma situación que en el País Vasco, porque además de los cuatro partidos nacionales, se presentan los partidos independentistas de centroizquierda y centroderecha, respectivamente, ERC y CDC, que obtendrán escaños sin duda alguna. La media de las encuestas revela que ERC va ligeramente al alza (16.93% de media, frente a un 16% el año pasado- 105,83 de base), mientras que CDC va muy a la baja (12,12% frente al 15,7% de diciembre- 77,18% de base).

Aplicando a los seis partidos estos coeficientes de mejora o pérdida, Ciudadanos obtendría dos escaños más, ambos a costa de CDC, en Barcelona y Girona (el PSC estaría al borde de perder su escaño en Lleida a manos de ERC).

GALICIA- Por último, en Galicia la coalición liderada por el BNG, según la media de las encuestas no tiene posibilidades de obtener escaño, por lo que únicamente es necesario computar a los cuatro partidos nacionales. En cualquier caso, sin cambios.

En resumen, si la media de las encuestas fuera razonablemente correcta y el cambio en los porcentajes de votos se distribuyera de forma uniforme por toda España, podríamos ver un resultado como el siguiente:

PP: 119 escaños (-4 respecto a diciembre 2005)
UNIDOS PODEMOS: 87 escaños (+ 16)
PSOE: 82 escaños (-8)
CIUDADANOS: 40 escaños (=)
ERC: 9 escaños (=)
CDC: 6 escaños (-2)
PNV: 5 escaños (-1)
BILDU: 2 escaños (=)
CC: 0 escaños (-1)

sábado, 25 de junio de 2016

El impacto de la coalición Podemos- Izquierda Unida en el mapa electoral español

Mientras intentamos hacer la digestión del desastroso resultado del referéndum británico, conforme a lo prometido, pasamos a analizar el impacto de la coalición Podemos-Izquierda Unida en las próximas elecciones, que, tan solo por sí misma y dado que las encuestas parecen reflejar que la mayor parte de los votantes de ambos partidos continuarán votándola, tendrá un enorme impacto (esencialmente, porque los votos de Izquierda Unida que tradicionalmente se desaprovechaban ahora no se perderán), en nuestro sistema de pequeñas circunscripciones provinciales.

Recordemos los resultados del 20 de diciembre:

PP- 123 diputados.
PSOE- 90 diputados.
PODEMOS + Izquierda Unida- 71 diputados (69 + 2)
Ciudadanos- 40 diputados

Pues bien, si simplemente nos limitamos a sumar los votos que tuvieron PODEMOS e Izquierda Unida en todas las circunscripciones en las que se presentaron por separado en diciembre de 2015 (todas menos Cataluña y Galicia), el impacto que esa suma produce en el resultado por escaños es muy significativo:

PP- 117 diputados (-6)
PSOE- 87 diputados (-3)
UNIDOS PODEMOS (UP)- 86 diputados (+15)
Ciudadanos (C's)- 35 diputados (-5)
PNV- 5 diputados (-1)

Los demás partidos, sin cambios.

¿Donde se redistribuyen los escaños?. Véamoslo por Comunidades Autónomas y provincias:

ANDALUCÍA: UP gana 4 diputados, a costa del PP (-2), el PSOE (-1) y C's (-1). Concretamente:

- En Sevilla, UP gana un escaño a costa de C's.
- En Córdoba, UP gana un escaño a costa del PSOE.
- En Málaga y Granada, lo gana a costa del PP.

MURCIA: UP gana un escaño a costa del PP.

COMUNIDAD VALENCIANA- Valencia gana un escaño en estas elecciones (lo pierde León) y teóricamente se lo lleva UP, en lugar del PP, que es lo que hubiera ocurrido de continuar separadas Podemos e IU. 

PAÍS VASCO- UP gana 2 diputados, a costa del PNV (-1) y del PSOE (-1). Concretamente:

- En Vizcaya, UP gana un escaño a costa del PNV.
- En Álava lo gana a costa del PSOE, que se queda sin representación.

CASTILLA LA MANCHA- UP gana 3 diputados, a costa del PP (-1) y de C's (-2). Concretamente:

- En Ciudad Real, UP gana un escaño a costa del PP.
- En Albacete y Guadalajara, UP supera a C's y consigue quitarle su escaño en ambas circunscripciones.

CASTILLA Y LEÓN- C's perderá probablemente su escaño por León, aunque en este caso no por UP, sino porque León pierde un escaño frente a Valencia por declive demográfico.

ARAGÓN- UP le arrebata dos escaños al PP, uno por Zaragoza y otro nada menos que por Teruel (¡una provincia de tres diputados!)

BALEARES: el caso balear es algo más peculiar si cabe, porque UP engloba no sólo a Podemos e Izquierda Unida, sino también a MÉS, la coalición de nacionalistas baleares. Dicha fusión conseguirá un escaño más, a costa del PSOE.

CANARIAS: Por último, en las Canarias, UP conseguirá un escaño más en Santa Cruz de Tenerife, a costa de C's.

Como se puede ver, la coalición UNIDOS PODEMOS conseguirá, gracias a la fusión, escaños en circunscripciones en las que no los logró en diciembre de 2015: Córdoba, Ciudad Real, Albacete, Guadalajara, o Teruel, además del segundo o incluso el tercer diputado en muchas otras, principalmente del interior de España, en las que los votos de Izquierda Unida se perdían en su totalidad (piénsese que en las últimas elecciones ninguno de los votos de Izquierda Unida obtuvo representación fuera de Madrid).

Pese a todo, podría darse la paradoja de que pese a superar claramamente en votos al PSOE (5.545.315 votos los socialistas, 6.139.494 votos UNIDOS PODEMOS), los primeros tuvieran más escaños que los segundos. Pero si las encuestas no fallan (¡aunque sí que fallan- véase el Reino Unido!) parece que el PSOE retrocederá algo más en votos respecto a hace seis meses, lo que probablemente le hará también ser superado en escaños por UNIDOS PODEMOS.

Decíamos, por último, en nuestro anterior apunte, que el sistema electoral español provocaba distorsiones importantes. Véase la distribución del voto por bloques en las últimas elecciones:

PP + Ciudadanos: 42,65% del voto, 163 escaños (46,57% de los escaños)
PSOE + Podemos + IU: 46,36% del voto, 161 escaños (46% de los escaños).

Ahora, en cambio, la distorsión se vería claramente corregida si los resultados se repitieran:


Unidos Podemos + PSOE: 46,46% del voto, 173 escaños (49,43% de los escaños).
PP + Ciudadanos: 42,65% del voto, 152 escaños (43,43% de los escaños).

Con estos resultados, indudablemente, la posibilidad de un gobierno de centroizquierda sería mayor de lo que lo fue en diciembre del año pasado, aunque a día de hoy resulta difícil ver al PSOE apoyando a Pablo Iglesias como presidente del Gobierno.

En la última entrada analizaremos (con mucha prudencia y granos de sal) las encuestas para ver si esta mera traslación matemática de la coalición Podemos-Izquierda Unida tiene visos de producirse.

martes, 14 de junio de 2016

Las elecciones del 20-D: floja participación, gobernabilidad imposible

Dado que quedan casi cinco meses para las elecciones norteamericanas, interrumpimos una vez más nuestra programación habitual para ocuparnos de las elecciones españolas del 26 de junio, empezando por una mirada retrospectiva hacia los resultados de hace seis meses, que han conducido a esta "segunda vuelta electoral".

Las elecciones del pasado 20 de diciembre dejaron, por primera vez en la historia democrática reciente de nuestro país, un Parlamento ingobernable. Empecemos por la participación y los resultados de los partidos que se presentaron en todas las circunscripciones fuerza por fuerza, comparados con los de 2011, y los datos objetivos:

Participación

2011: 24.666.392 votos, 68,94%.
2015: 25.438.532 votos, 69,67% (+ 772.140 votos, + 0,73 puntos)

Para el enorme interés mediático que habían despertado las elecciones, la participación fue llamativamente decepcionante (la cuarta más baja de la historia democrática reciente, superando únicamente a las elecciones de 1979, 2000 y 2011). Probablemente el hecho de fijar la fecha el 20 de diciembre fue un desincentivo para los ciudadanos, algunos de los cuales ya habían iniciado sus vacaciones navideñas. Pero más allá de eso, resulta evidente una desafección importante en un segmento muy elevado de los ciudadanos (el que va del 70 al 80% de participación en unas elecciones).

Resultados:

Partido Popular:

2011: 10.996.039 votos (45,04%), 187 escaños (sumando los votos y escaños del FAC)
2015: 7.236.965 votos (28,71%), 123 escaños (- 3.759.074 votos, - 16,33%, -64 escaños)

El resultado del Partido Popular fue, en porcentaje de votos y número de escaños, el segundo hundimiento más destacado en la historia de un partido del gobierno, superado únicamente por el desplome de UCD, que perdió 28 puntos, 4,8 millones de votos y 157 escaños en 1982 (ni siquiera el PSOE en 2011 sufrió una derrota tan aplastante en términos relativos: "sólo" perdió 15,1 puntos -aunque eso supuso 4,3 millones de votos menos- y 59 escaños).

Partido Socialista Obrero Español:

2011: 7.003.511 votos (28,76%), 110 escaños
2015: 5.545.315 votos (22,00%), 90 escaños (- 1.458.196 votos, - 6,76%, -20 escaños)

El resultado del PSOE fue, por segunda vez consecutiva, el peor de la historia del partido. Devorado en su flanco izquierdo por Podemos y bloqueado su avance por el centro por Ciudadanos, el PSOE no sólo no fue capaz de beneficiarse de su rol de principal partido de la oposición, sino que retrocedió todavía más respecto de sus ya desastrosos resultados del 2011. Y téngase en cuenta que el resultado podría haber sido peor de no haber sido porque parte de los votantes del PP y de UPyD prefirieron apuntalar al PSOE en lugar de votar a Ciudadanos, como veremos posteriormente.

Podemos:

No se presentó en 2011 (entre sus aliados en 2015, Iniciativa- EUiA obtuvo 280.152 votos, Equo obtuvo 216.748 votos, Compromís obtuvo 125.306 votos y Esquerda Unida obtuvo 67.702 votos, en total, 689.908 votos, el 2,83%, 4 escaños).
2015: 5.212.711 votos (20,68%), 69 escaños ( + 4.522.803 votos, + 17,85%, + 65 escaños)

Podemos cosechó el mejor resultado histórico de un tercer partido desde 1977 (el mejor resultado anterior lo ostentaba el PCE en 1979, con el 10,8% de los votos y 23 escaños; Podemos duplicó y triplicó ambos registros respectivamente). La combinación a nivel nacional con Equo y a nivel autonómico con Compromís en Valencia, Iniciativa y Esquerra Unida en Cataluña, y Anova y Esquerda Unida en Galicia fue un éxito total para el partido de Pablo Iglesias y supuso, en la práctica, el fin del bipartidismo histórico en España vigente desde 1977 en sus tres combinaciones: UCD-PSOE, PSOE-AP, PP-PSOE.

Ciudadanos

No se presentó en 2011.
2015: 3.514.528 votos (13,94%), 40 escaños

Los resultados de Ciudadanos fueron un tanto esquizofrénicos. Me explico: por una parte, de no haber sido por la existencia de Podemos, Ciudadanos habría cosechado el mejor resultado histórico de un tercer partido desde 1977. El problema es que las encuestas les daban resultados mucho mejores, por lo que, respecto de las expectativas, lo alcanzado por el partido de Albert Rivera fue un tanto decepcionante. Dicho esto, obtener casi el 14% de los votos y 40 escaños fue un resultado muy meritorio. Ahora bien, lo cierto es que Ciudadanos no fue capaz de captar ni siquiera la totalidad de los votos perdidos por el PP (es más, dado que muchos votantes de UPyD también se decantaron por Ciudadanos, la fuga de votos resultó todavía más evidente).

Izquierda Unida- Unidad Popular

2011: 1.686.040 votos (6,92%), 11 escaños
2015: 926.783 votos (3,68%), 2 escaños (- 759.257 votos, - 3,24%, - 9 escaños)

Izquierda Unida sufrió gravemente el 20-D, perdiendo el 45% de su porcentaje de voto de cuatro años atrás. Presionada por Podemos (y ahora en coalición con ésta) la supervivencia a largo plazo de la coalición de izquierdas es discutible, pero al menos la primera bola de partido consiguió salvarla, y más teniendo en cuenta que no se presentó ni en Cataluña ni en Galicia, cosa que ya de antemano le restaba casi 350.000 votos.

Unión Progreso y Democracia

2011: 1.143.225 votos (4,70%), 5 escaños.
2015: 155.153 votos (0,62%), 0 escaños (- 988.072 votos- 4,08%, -5 escaños)

Cosa que no se puede decir de UPyD, que se encamina hacia la extinción tras perder toda su representación parlamentaria (le queda tan solo un parlamentario autonómico vasco, unos pocos eurodiputados y concejales). La competencia de Ciudadanos (y del PSOE) en su espacio político ha sido letal para el partido magenta.

Una última mención a las encuestas, que como veremos a continuación, no tuvieron su mejor día. En su día analizamos las encuestas previas, y comparando la media con el resultado final, podemos comprobar la magnitud de los fallos.

Media de las encuestas:
  1. Partido Popular: 27,48%, 117 escaños 
  2. Partido Socialista: 20,57%, 81 escaños
  3. Ciudadanos: 19,22%, 63 escaños
  4. Podemos (+ aliados): 17,42%, 55 escaños
  5. Izquierda Unida: 3,96%, 3 escaños
Resultados reales:
  1. Partido Popular: 28,72%123 escaños
  2. Partido Socialista: 22,01%, 90 escaños
  3. Podemos (+ aliados): 20,66%, 69 escaños
  4. Ciudadanos: 13,93 %, 40 escaños
  5. Izquierda Unida: 3,67%, 2 escaños
Como se puede comprobar, PP, PSOE y sobre todo Podemos fueron claramente infravalorados, mientras que Ciudadanos fue espectacularmente sobrevalorada por las encuestas, mucho más allá del margen de error de las mismas.

En líneas generales, merece la pena señalar que se produjo un corrimiento de votos hacia la izquierda muy destacable:

1) En el centro derecha, la suma PP + Ciudadanos (42,65% del voto) queda lejos del 45,07% que obtuvo el PP en solitario (y ello sin tener en cuenta los 4,08 puntos porcentuales que perdió UPyD, muchos de los cuales también fueron a Ciudadanos).

2) En el centro izquierda, dejando a un lado el hecho de que parece evidente que buena parte del (escaso) incremento de participación en esta ocasión parece haber ido hacia Podemos, también parece claro que en las generales de diciembre se produjo un fenómeno ya anticipado en las elecciones andaluzas de principios de 2015: parte del electorado del PP (y de UPyD) se pasó directamente al PSOE sin pasar por Ciudadanos, para apuntalar a los socialistas ante la amenaza de Podemos.

Obsérvense los flujos de voto hacia Podemos (4.522.803 votos). Incluso si asumimos que el 100% de los votos perdidos por PSOE (1.458.196 votos), IU (759.257 votos) y el incremento de participación (772.140 votos) fueron íntegros hacia Podemos (cosa que no ocurrió exactamente así, aunque sí en buena parte), todavía tenemos 1.533.210 votos más para Podemos que no proceden de esas tres fuentes. Indudablemente, algunos de esos votos vinieron de PP y UPyD, pero es más probable que la mayoría de esos votos vinieran del PSOE, que compensó esas pérdidas recibiendo voto de PP y UPyD que prefirió apuntalar a los socialistas en lugar de votar a Ciudadanos.

En cualquier caso, la resultante de todos esos movimientos es que si la suma de votos PSOE + IU en 2011 alcanzaba sólo el 35,68% de los votos, en 2015 (PSOE + Podemos + IU) pasó a ser del 46,36%, más de diez puntos superior.

Un último apunte sobre nuestro encantador sistema electoral:

PP + Ciudadanos: 42,65% del voto, 163 escaños.
PSOE + Podemos + IU: 46,36% del voto, 161 escaños.

En mi opinión, la corrección de un sistema electoral deriva, en primera instancia, de la proporcionalidad de sus resultados en relación con los votos emitidos (y luego hay que intentar que esos votos sean lo más representativos posibles). El sistema electoral español, en ese sentido, es defectuoso, porque ni es suficientemente proporcional ni es representativo.

Curiosamente, esa disfunción ha sido corregida a resultas de la coalición Podemos-Izquierda Unida, que provocará que los votos de esta última, que tradicionalmente se perdían, esta vez se conserven en su gran mayoría. El impacto que esta simple decisión tendrá en las elecciones del 26 de junio será el objeto de nuestra próxima entrada.


miércoles, 8 de junio de 2016

Hillary triumphans: el final de las primarias demócratas

Tras cuatro meses de disputa, Hillary Clinton se alzó ayer finalmente con la victoria en las primarias demócratas frente a su rival Bernie Sanders, consiguiendo ser así la primera mujer en la Historia de Estados Unidos candidata a la Presidencia por uno de los dos grandes partidos, tras alcanzar matemáticamente el número de delegados suficientes para ser nominada en la Convención que se celebrará del 25 al 28 de julio en Filadelfia.

Ayer votaban los seis últimos Estados (el martes que viene todavía debe votar el Distrito de Columbia, pero eso no tiene mayor importancia). Hillary ganó en cuatro de ellos, en algunos casos de manera muy holgada:

- En California, el premio gordo de la noche, aunque todavía se están contando votos, la ventaja de Hillary es muy clara: 55,8 a 43,2
- En Nueva Jersey, la paliza de Clinton a Sanders fue todavía más destacada: 63,3 a 36,7
- En Nuevo Mexico, en cambio, Clinton derrotó a Sanders por menos de lo esperado: 51,5 a 48,5
- Para compensar, en Dakota del Sur, Clinton derrotó inesperadamente a Sanders: 51 a 49 (en 2008 Hillary ya dio la sorpresa derrotando a Obama allí).

Sanders únicamente consiguió ganar a Hillary en Montana (y por un margen menor al esperado: 51,1 a 44,6) y por supuesto en los caucuses de Dakota del Norte (62,8 a 26,6)

Una vez más, Sanders sólo consiguió ganar en Estados cuyos votantes demócratas eran primordialmente blancos (y preferentemente en caucuses, que priman el entusiasmo y la juventud, porque se necesitan varias horas para participar en un caucus). En cambio, en Estados donde había minorías étnicas muy significativas (California, Nuevo Mexico, Nueva Jersey) Hillary venció con claridad.

El mapa de las primarias (casi definitivo) ha quedado así:

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Como se puede ver, el reparto de Estados ha sido muy claro: Clinton ha ganado en el Sur (con muchos votantes negros), el Sudoeste (con muchos votantes hispanos), el bajo Nordeste (mezcla de ambos), y se ha repartido con Sanders el Medio Oeste y el sur de Nueva Inglaterra. Su coalición negra-latina-blancos moderados, adinerados y de edad sigue siendo la combinación ganadora en unas primarias demócratas (como lo fue para Gore en el 2000 o Mondale en 1984).

Por su parte Sanders ha ganado en el Norte, en el alto Medio Oeste, en los Apalaches y en el norte de Nueva Inglaterra, pero su incapacidad para captar a las minorías ha hecho que su coalición de blancos liberales y blancos pobres fuera insuficiente para derrotar a Clinton (como le ocurrió a Bradley en el 2000 o a Gary Hart en 1984).

El número de delegados que se precisaban para ganar las primarias demócratas eran 2.382. Así es como ha quedado el reparto de delegados y votos (a expensas del voto el martes en el Distrito de Columbia y de asignar los últimos votos por correo y delegados de ayer), según RealClearPolitics:

Hillary Clinton: 2755 (2184 delegados, 571 superdelegados), 15.571.643 votos
Bernie Sanders: 1852 (1804 delegados, 48 superdelegados), 11.888.779 votos

Partiendo de cualquier parámetro, la victoria de Hillary es contundente: aventaja a Sanders en casi 400 delegados y casi 4 millones de votos y por si fuera poco, la abrumadora mayoría de los superdelegados está con ella.

Es de esperar que en algún momento de esta semana, Bernie Sanders reconozca su derrota y anuncie su apoyo a Hillary (Obama está a punto de hacerlo, pero recibirá antes a Sanders el jueves en una muestra de respeto).

Uno puede entender, hasta cierto punto, la frustración de los seguidores de Bernie Sanders, que ciertamente ha resultado ser un candidato duro de pelar. Sin embargo, al final del día, Hillary ha ganado con enorme claridad (más del 56% de los votos). Y frente a sus seguidores, que alegan todo tipo de tropelías relativas al calendario y al hecho de que muchas primarias sólo estaban abiertas a los demócratas y no a los independientes, sólo se puede decir que, de hecho, el sistema ha sido especialmente generoso con Bernie, en particular en lo que respecta a la espectacularmente antidemocrática institución de los caucuses, un sistema de voto que ha favorecido llamativamente a Sanders al impedir el acceso a los votantes de Clinton (trabajadores y minorías) frente a los de Sanders (universitarios todavía no en edad de trabajar).

Si los caucuses no existiesen, Sanders habría obtenido muchas menos victorias y muchos menos delegados. Observemos, de entre los Estados ganados por Sanders, cuántos eran caucuses (en verde):

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O dicho de otro modo: doce de los veintidos Estados en los que ganó Bernie eran caucuses. De haberse celebrado primarias en esos doce Estados, no cabe la menor duda de que Hillary habría derrotado a Sanders en muchos de ellos.

¿Y como sabemos esto? Porque por algún motivo absurdo hay dos Estados, Nebraska y Washington, que celebran primero caucuses vinculantes y primarias no vinculantes unas semanas después.

¿Y qué ocurrió en estos dos Estados?

Nebraska:

Caucuses vinculantes del 5 de marzo:
Sanders- 19.122 votos (57,15%)
Hillary- 14.338 votos (42,85%)

Primarias no vinculantes del 10 de mayo:
Hillary- 41.829 votos (53%)
Sanders- 36.714 votos (47%)

Washington:

Caucuses vinculantes del 26 de marzo:
Sanders- 19.159 votos (72,72%)
Hillary- 7.140 votos (27,10%)

Primarias no vinculantes del 24 de mayo:
Hillary- 380.760 votos (53%)
Sanders- 338,283 votos (47%)

Es decir, no sólo la participación subió llamativamente (2,3 veces más en Nebraska y veintisiete veces más en Washington, pese a que las primarias eran no vinculantes en ambos casos), sino que el resultado era totalmente distinto: de una victoria entre clara y aplastante para Sanders a una cómoda victoria para Clinton.

En resumen: Hillary Clinton ha ganado sin ninguna duda a Bernie Sanders. Si acaso, los resultados hubieran sido todavía más claros si los caucuses hubieran sido suprimidos.

Ahora, veremos si Hillary mejora en los sondeos a raíz del inicio de la unificación de los votantes clintonitas y la mayoría de los sanderitas. Por el momento, Hillary aventaja a Trump más o menos en cinco puntos. A final de mes no sería de extrañar que esa ventaja se hubiera doblado, especialmente si Trump sigue defendiendo que el Juez que está estudiando el fraude de la Universidad Trump no puede juzgarle porque es de ascendencia mexicana.

miércoles, 18 de mayo de 2016

La campaña zombie de Bernie Sanders continúa: las primarias demócratas

Pese a que a finales de abril Bernie Sanders sufrió una serie de derrotas (algunas muy contundentes) en diversos Estados del nordeste, su campaña sigue en marcha, con un tono cada vez más agrio a medida que resulta más evidente que va a culminar en derrota.

Es cierto que, curiosamente, los resultados en las distintas primarias no están dependiendo en modo alguno del "momentum" (es decir, del impulso obtenido por el candidato en una primaria anterior), sino en la demografía de cada Estado y en particular de si los demócratas en el mismo son más o menos blancos, más o menos liberales, etc.

Así, en los últimos Estados se han producido tres victorias de Sanders y una muy ajustada de Clinton:

- Indiana (3 de mayo) Sanders 52,5, Hillary 47,5
- Virginia Occidental (10 de mayo) Sanders 51,4 Hillary 35,8
- Oregon (17 de mayo): Sanders 54,8, Hillary 45,2
- Kentucky (17 de mayo): Hillary 46,8, Sanders 46,3

Una vez más, Sanders ganó en Estados cuyos votantes demócratas eran primordialmente blancos (aunque los blancos de Oregon son muy liberales, mientras que los de Indiana y especialmente Virginia Occidental son moderados o conservadores). En cambio, en Indiana y Kentucky, donde el número de minorías raciales era algo más significativo, Hillary quedó cerca o ganó por los pelos.

El mapa de las primarias hasta el momento queda así:

Generated Map

El número de delegados que se precisan para ganar las primarias demócratas son 2.382. Así es como va el reparto de delegados y votos a día de hoy, según RealClearPolitics:

Hillary Clinton: 2291 (1767 delegados, 524 superdelegados), 12.971.667 votos
Bernie Sanders: 1528 (1488 delegados, 40 superdelegados), 9.924.734 votos

En suma, Hillary continúa aventajando a Sanders en más de 300 delegados elegidos por los votantes, la abrumadora mayoría de los superdelegados y más de 3 millones de votos.

Como decíamos al inicio, a pesar de que Sanders continúa despidiendo a miembros de su campaña, y ha manifestado que irá a la Convención "a discutir sobre el programa electoral" (es decir, no a disputarle a Hillary la nominación), insiste en continuar disputando primarias y sus seguidores están intentando intimidar a los superdelegados y a los partidos estatales de un modo que está alienando incluso a los simpatizantes de Sanders en la prensa.

Sanders ya no puede ganar: necesitaría obtener más del 65% de los votos en todos los Estados que quedan (y Puerto Rico), y eso sencillamente no va a suceder. Marco por última vez en rojo los Estados que a día de hoy favorecen a Hillary según las encuestas y según la demografía, en azul a Sanders, y en verde los dudosos (siendo lo más generosos posibles con Sanders):

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Aunque Sanders ganará sin duda en los Estados del Oeste interior (con la única duda de Dakota del Sur, que apoyó a Hillary hace ocho años), eso simplemente no le bastará para compensar la ventaja que ya lleva Hillary y la que le sacará en los dos Estados con más delegados que quedan (California y New Jersey) que las encuestas indican que Hillary va a ganar con comodidad, así como en Nuevo Mexico y especialmente Puerto Rico.

La prensa está empezando a comentar el riesgo que existe que la duración de las primarias entre Clinton y Sanders perjudique al Partido Demócrata en las elecciones de noviembre. Sin embargo, eso parece dudoso, por varios motivos:

1) En primer lugar, porque hasta Noviembre queda mucho tiempo para cerrar heridas.

2) En segundo lugar, porque el enfrentamiento entre Obama y Hillary en 2008 fue todavía más agreste que éste, y ello no tuvo ningún efecto en los demócratas en noviembre.

3) En tercer lugar, porque Donald Trump en particular tiene un atractivo muy limitado para los votantes mayoritarios de Bernie Sanders (los votantes blancos liberales). Los votantes demócratas conservadores que votaron a Sanders en Oklahoma, Virginia Occidental y Kentucky son otra historia, pero esos votantes, de todos modos, son republicanos en todo menos en nombre y muchos de ellos iban a votar a Trump de todos modos.

4) En relación con lo anterior, Trump será un elemento cohesionador extraordinario para los demócratas pro-Sanders, algunos de los cuales puede que no estén entusiasmados con Hillary Clinton, pero ciertamente están (o estarán) aterrorizados con Donald Trump.

martes, 17 de mayo de 2016

El Partido Republicano se suicida: Donald Trump, candidato.

En nuestra última entrada señalábamos que las cosas se estaban poniendo cuesta arriba para las fuerzas "anti-Trump" en el Partido Republicano, y los resultados de las primarias de Indiana lo confirmaron hasta tal punto que en menos de 24 horas Trump se quedó sin rivales tras la retirada de Ted Cruz y John Kasich.

Los resultados en Indiana fueron decisivos:

Trump 53,3, Cruz 36,6, Kasich 7,6.

Trump, tal y como había ocurrido ya en las primarias del Nordeste, mejoró claramente sus resultados respecto de las encuestas, lo que parece demostrar que los votantes republicanos, hartos de las primarias, decidieron decantarse por el ganador, y evitar así una convención disputada que podría haber sido nefasta para la imagen del Partido Republicano.

El problema es que, a cambio de soslayar la convención, el Partido Republicano se ve ahora en manos de un candidato totalmente inaceptable, se mire por donde se mire.

Tradicionalmente, los candidatos presidenciales son políticos profesionales (en tres categorías distintas: Senadores, Gobernadores o Vicepresidentes). Hay que remontarse a 1952 para encontrar a un candidato que no respondiera a una de esas tres categorías (Dwight Eisenhower, que por otra parte había tenido una carrera militar de la máxima distinción, incluyendo el mando supremo de las fuerzas aliadas que derrotaron a Hitler en la Segunda Guerra Mundial).

Frente a esto, Donald Trump no es más que un millonario por herencia, no por mérito propio, profundamente ignorante y orgulloso de serlo, con una larga lista de comentarios machistas y racistas que alienarán en las elecciones generales todavía más a los hispanos y asiáticos, así como a numerosas mujeres republicanas.

Trump, por temperamento y conocimientos, es sin lugar a dudas el candidato menos preparado para liderar uno de los dos grandes partidos norteamericanos: carece de experiencia internacional y de gobierno, y debido a la toxicidad de su candidatura no conseguirá el apoyo activo de numerosos políticos republicanos, más que de aquellos cuya carrera política está acabada o en trance de acabar (Newt Gingrich o Chris Christie).

Ahora bien, la mayoría del Partido sí que le suministrará un, digamos, "apoyo pasivo" (en el sentido más genérico posible: anunciando su apoyo al "candidato republicano" pero sin aparecer con él en mítines y mucho menos en la Convención republicana).

Resulta un espectáculo ciertamente patético ver a congresistas y Senadores del partido de Abraham Lincoln abandonar el legado de éste en manos de un político absolutamente antagónico al viejo Abe y anunciar su apoyo a Trump porque éste es "mejor que Hillary Clinton" (cosa que es absolutamente falsa desde cualquier prisma, incluido el ideológico).

Desde el punto de vista demócrata, Trump es un regalo caído del cielo: incluso a día de hoy, con Hillary todavía embarcada en una amarga primaria contra Bernie Sanders, las encuestas le dan a la exsecretaria de Estado unos cinco puntos de ventaja de media sobre Trump, y ese porcentaje sin duda se incrementará en cuanto finalicen las primarias demócratas y los seguidores de Sanders vayan volviendo al redil clintoniano (del mismo modo que los seguidores de Hillary Clinton apoyaron a Obama en 2008, pese a unas primarias que fueron mucho enconadas que las actuales).

La lógica invita a pensar que, pese a la creciente separación ideológica entre los dos partidos, estas elecciones poseen un elevado potencial para finalizar en un triunfo demócrata arrollador, por dos motivos contrapuestos: en primer lugar, porque las diferencias ideológicas entre Clinton y Sanders no son especialmente acusadas, y la fusión entre sus votantes no debería ser muy costosa. Por otra, la falta de entusiasmo entre las élites republicanas frente a Trump es conspicua, lo que hará que Trump pierda un porcentaje muy superior de republicanos al habitual en otoño (la pérdida de un 20% tan solo sería devastadora para el GOP). Por otra parte, el estilo de Trump es sencillamente intolerable para la gran mayoría de los norteamericanos.

Muchos comentaristas, llevados de un desprecio perenne hacia los Clinton, consideran que ésta es una candidata floja y que Trump puede dar la sorpresa. Desde el momento en que Trump es el candidato de uno de los dos grandes partidos, sus posibilidades de victoria ciertamente exceden de cero, pero la infravaloración de Hillary Clinton (motivada en muchas ocasiones lisa y llanamente por el machismo de los -¡y las!- periodistas) alcanza en este punto extremos ridículos.

Indudablemente, podría ocurrir que nos encontráramos con una elección disputada (como ya hemos dicho en ocasiones anteriores, si los republicanos se hubieran molestado en elegir a un candidato mínimamente aceptable, probablemente serían ligeramente favoritos contra Hillary). Pero la presencia de un candidato tan espectacularmente inadecuado, tan basto, tan grosero, tan mediocre como Donald Trump permite poner en duda esa tesis. Lo lógico es que Hillary gane absolutamente todos los Estados que ganó Obama en 2012, más algunos Estados que éste ganó en 2008 (Carolina del Norte y quizá Indiana) e incluso algunos Estados que no votan demócrata desde hace muchos años (Arizona o Georgia parecen candidatos interesantes).

En cuanto a la supuesta "inadecuación" de Hillary Clinton, lo cierto es que ella utilizará la baza de ser la primera mujer presidenta contra Trump, que es quizá el candidato peor equipado para hacer frente a una candidata femenina. Por lo demás, tras ser Primera Dama de Arkansas y de Estados Unidos, y particularmente tras ser Senadora durante ocho años, y Secretaria de Estado durante cuatro, Hillary es probablemente una de las personas más cualificadas para ser candidata a la Presidencia en la Historia.

En suma: es más probable que las elecciones acaban en una ola demócrata parecida a la victoria de Reagan sobre Mondale en 1984 (o si Trump lo hace especialmente mal, a la de Johnson frente a Goldwater en 1964) que otra cosa.

El principal problema para los republicanos es que una derrota semejante a nivel presidencial probablemente arrastraría a varios senadores y a docenas de congresistas, perdiendo el Senado y la Cámara de Representantes (además de numerosas cámaras estatales). Además, el Tribunal Supremo, que está en estos momentos dividido 4-4 entre jueces demócratas y jueces republicanos porque el Senado republicano, violando la Constitución, se niega a votar siquiera al sustituto de Antonin Scalia propuesto por el presidente Obama, también acabaría en manos demócratas.

Estas consideraciones partidarias son las que están motivando el (tibio) rapprochement republicano con Donald Trump, pero lo cierto es que por una vez, los republicanos deberían poner patria por delante de partido, porque no existe absolutamente ningún motivo para apoyar a Trump. Como mucho, cabría no apoyar a ninguno de los dos, pero el apoyo a Trump debería ser considerado descalificante para cualquier político decente.

En fin, seguiremos informando. Pero qué pena da ver a gente que ha llamado a Trump "timador", "narcisista" o "sociópata" decir ahora que le apoyarán como candidato a la Presidencia.